viernes, 5 de agosto de 2016

Alabanzas de la Madre de Dios


Tengo ante mis ojos la asamblea de los santos padres, que, llenos de gozo y fervor, han acudido aquí, respondiendo con prontitud a la invitación de la santa Madre de Dios, la siempre Virgen María. Este espectáculo ha trocado en gozo la gran tristeza que antes me oprimía. Vemos realizadas en esta reunión aquellas hermosas palabras de David, el salmista: Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Te saludamos, santa y misteriosa Trinidad, que nos has convocado a todos nosotros en esta iglesia de santa María, Madre de Dios.

Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos evangelios, el que viene en nombre del Señor.

Te saludamos, a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el diablo tentador cayó del cielo; por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas las Iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión.

Y ¿qué más diré? Por ti, el Hijo unigénito de Dios ha iluminado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte; por ti, los profetas anunciaron las cosas futuras; por ti, los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; por ti, los muertos resucitan; por ti reinan los reyes, por la santísima Trinidad.

¿Quién habrá que sea capaz de cantar como es debido las alabanzas de María? Ella es madre y virgen a la vez: ¡qué cosa tan admirable! Es una maravilla que me llena de estupor. ¿Quién ha oído jamás decir que le esté prohibido al constructor habitar en el mismo templo que él ha construido? ¿Quién podrá tachar de ignominia el hecho de que la sirviente sea adoptada como madre?

Mirad: hoy todo el mundo se alegra; quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad, que rindamos un culto impregnado de santo temor a la Trinidad indivisa, al celebrar, con nuestras alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios, y a su Hijo y esposo inmaculado: porque a él pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

San Cirilo de Alejandría
Homilía 4, pronunciada en el Concilio de Efeso (PG 77, 991.995-996)

jueves, 4 de agosto de 2016

Hermosa obligación del hombre: orar y amar


Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; e una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y, creedme, el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración, como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con él, del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti...» Muchas veces pienso que, cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.

San Juan María Vianney
Catequesis sobre la oración (A. Monnin, Esprit du Curé d'Ars, Paris 1899, pp. 87-89)

miércoles, 3 de agosto de 2016

Doroteo de Gaza. Humildad

26. Dice un anciano: "Ante todo necesitamos humildad; y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario". Busquemos el sentido de este dicho del anciano. ¿Por qué nos dice: "Ante todo necesitamos humildad", y no más bien: "Ante todo necesitamos la temperancia"? En efecto el Apóstol nos dice: El atleta se priva de todo (1 Co 9, 25). ¿O por qué no dijo más bien: "Ante todo necesitamos el temor de Dios". ya que la Escritura nos dice: El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Pr 15, 27)? ¿O por qué no dijo tampoco: "Ante todo necesitamos la limosna, o la fe" como en efecto está escrito: Por las limosnas y la fe los pecados son purificados (ibíd), o como nos dice el Apóstol: Sin la fe es imposible agradar a Dios? (Hb 11, 6). Por lo tanto, si es imposible agradar a Dios sin la fe, si por las limosnas y la fe son purificados los pecados, si el hombre se aparta del mal por el temor del Señor, si el principio de la sabiduría es el temor del Señor, y finalmente si el atleta se priva de todo, ¿por qué dijo el anciano: "Ante todo necesitamos humildad", dejando de lado todo aquello que es tan necesario? Porque lo que nos quiere enseñar es que, ni el temor de Dios, ni la limosna, ni la fe, ni la temperancia, ni ninguna otra virtud, puede existir sin la humildad. Y por ese motivo dice: "Ante todo necesitamos humildad: y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario".

martes, 2 de agosto de 2016

San Pedro de Osma


Hoy recordamos los benedictinos y la diócesis de Osma a san Pedro de Osma. Era oriundo de Francia. Se llamaba, en realidad, Pedro de Bourges. Había nacido hacia el año 1040, e ingresó en el célebre monasterio de Cluny.

Su llegada a Castilla estuvo en relación con la petición que don Bernardo, arzobispo de la recién reconquistada Toledo, hizo de monjes cluniacenses para impulsar la reforma eclesiástica de la Iglesia castelllana. Entre estos monjes se encontraba Pedro de Bourges, que pasó al monasterio de Sahagún, el principal centro de la reforma benedictina en Castilla.

La reconquista de la diócesis de Osma hizo necesaria la provisión de un obispo; el designado fue el monje Pedro. Desde su responsabilidad de Obispo, impulsó Pedro una profunda vida espiritual, desde su pculiar perspectiva cluniacense. Por eso, tuvo gran importancia la celebración de la liturgia y todo lo relacionado con ello. Así, inició la construcción de la Catedral de Osma, y la provisión de un cabildo que celebrase con esplendor los divinos oficios. Promovió el estudio de la ciencias sagradas. Además, atento al espíritu de la reforma gregoriana, luchó por la afirmación de los derechos eclesiásticos frente a las intromisiones de los señores temporales.

Ya anciano, en 1109, fue llamado a Toledo para asistir al rey Alfonso VI en su muerte. Sucedida ésta, acompañó su cadáver hasta el lugar de su enterramiento en el Monasterio de Sahagún. De vuelta a su diócesis, falleció en Palencia, tal día como hoy. Conforme a su deseo expresamente manifestado antes de morir, sus restos fueron conducidos a Osma y depositados en su catedral, en un sepulcro que es una obra admirable del arte medieval. Así se cumplía su voluntad de que su cuerpo reposara junto a su iglesia, a la que él consideraba como su esposa. Así vivió y así murió este santo monje y obispo, verdadero modelo, tanto para los religiosos como para todos los eclesiásticos, particularmente para los prelados.

domingo, 31 de julio de 2016

Abad García Jiménez de Cisneros


En la vida de san Ignacio de Loyola, cuya memoria hoy celebramos, existe una importante conexión con el mundo benedictino, a través del monasterio de Montserrat, y de su célebre abad García Jiménez de Cisneros. Nacido en la localidad palentina de Cisneros, en torno al año 1455, ingresó a los veinte años en el Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, llegando a ser su subprior. En 1493, en el marco de la unión de los reinos de Castilla y Aragón en los Reyes Católicos, fue enviado al Monasterio de Montserrat, para impulsar la reforma benedictina vallisoletana, el año 1493. Primero ocupó e cargo de prior, y luego el de Abad, hasta su muerte el año 1510.

El año 1500 escribió una obra espiritual, llamada a tener una fructífera influencia. el Ejercitatorio Espiritual. Se trata de una típica obra de la devotio moderna, es decir, un método de oración introspectiva, que busca la unión con dios a través de la meditación y de la presencia de Dios. El alma hay que ejercitarlo, hay que trabajar interiormente para lograr el ideal de la unión con Dios.


Esta obra tuvo una gran influencia sobre Ignacio de Loyola, cuando años después visitó el Monasterio y habitó en la Cueva de Manresa, preparando lo que serían sus futuros Ejercicios Espirituales. En cualquier caso, de justicia es recordar a este gran abad montserratino, cuya influencia espiritual llegó a ser tan importante.

martes, 26 de julio de 2016

Monasterio de Santa Ana del Monte. Jumilla.


Hemos rescatado del archivo de televisión Española, un reportaje de los años setenta, con una visión de la época del Monasterio de Santa Ana del Monte, en Jumilla. en la actualidad, dicho monasterio está habitado por una fraternidad franciscana. Su actual carisma es descrita por elos mimos en su Web, con estas palabras. 

En la actualidad, los religiosos que moran aquí alternan la vida contemplativa de oración, rezo de la Liturgia de las Horas, adoración del Santísima y alabanzas a María con el trabajo manual ejercitado en el huerto, en la cocina y en la limpieza del convento. Esta vida de oración y trabajo va estrechamente ligada a la acción pastoral, impartiendo clases en el Instituto Teológico de Murcia (PP. José María Roncero, Francisco Oliver y Pedro Ruiz Verdú), dando ejercicios espirituales a las religiosas de vida contemplativa de las Federaciones de Clarisas y Concepcionistas de la Provincia de Cartagena, asistiendo a la Orden Franciscana Seglar de Jumilla y Cieza. De igual modo, atienden espiritualmente a los numerosos jóvenes cristianos, sacerdotes y religiosos que se acercan al convento a pasar unos días de retiro y oración. Diríamos que fruto de esa presencia franciscana en Jumilla han seguido a San Francisco, en su primera orden, religiosos de extraordinaria calidad humana y cristiana, como el P. Pedro Lozano, gran predicador y promotor de la espiritualidad mariana en la advocación de la Inmaculada Concepción, también Fr. Pedro Abellán, y el P. José María Bustamante. Aunque no son de Jumilla, la mayoría de su vida la han pasado en este convento religiosos tan beneméritos como Fr. Cándido Albert y Fr. Bernardo Calabuig, ambos fallecidos, constituyendo la más genuina expresión del significado de la vida franciscana de Santa Ana en los últimos años. Su vida de unión con Dios, su trabajo en el huerto como limosneros, su vida fraterna y su servicio a todo el mundo, significan para los franciscanos de la Provincia de Cartagena como para las gentes que rodean Santa Ana el más vivo ejemplo de lo que es un franciscano menor y un cristiano auténtico. Para conocer su Museo conventual y el arte que esconde este complejo conventual e iglesia, véanse las guías que se han editado bajo la dirección de los PP. Dimas Mateos y Jerónimo García.