Mostrando entradas con la etiqueta Anunciación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anunciación. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de marzo de 2017

En los otros está la gracia, sobre ti vendrá toda la plenitud de la gracia


El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José. El evangelista designa el lugar, el tiempo y la persona, para que la verdad del relato pueda ser comprobada con los claros indicios de los mismos acontecimientos. El ángel —dice— fue enviado a una virgen desposada. Dios envía a la Virgen un alado mensajero: pues da las arras y recibe la dote el que es portador de la gracia, restablece la confianza, hace entrega de los dones de la virtud y tiene la misión de dar pronta resolución al consentimiento virginal. Vuela raudo a la esposa el veloz intérprete, para alejar y dejar en suspenso el afecto de la esposa de Dios hacia los esponsales humanos; de modo que sin separar la Virgen de José, se la devuelva a Cristo a quien estaba destinada desde el vientre materno. Recibe Cristo su esposa, no se apodera de la ajena; ni crea separación, cuando une consigo a toda su entera criatura en un solo cuerpo. Pero escuchemos lo que hizo el ángel.

Entrando en su presencia, dijo: —Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. En estas palabras hay una oferta, la oferta de un don y no un mero cumplido de cortesía. Ave, es decir, recibe gracia; no tiembles ni te preocupes de la naturaleza. Llena, ya que en los otros está la gracia, sobre ti vendrá toda la plenitud de la gracia juntamente. El Señor está contigo. ¿Qué significa el Señor está en ti? Pues que no vino con el simple deseo de hacerte una visita, sino que viene a ti en el nuevo misterio de su nacimiento.

Por eso añadió muy oportunamente: Bendita tú entre las mujeres. Pues si en ellas la maldición de Eva castigaba las entrañas, ahora entre ellas se goza, es honrada y acogida la bendita María. Y de esta suerte ha venido realmente a ser por la gracia madre de los vivientes, la que antes era por naturaleza madre de los murientes.

Ella se turbó ante estas palabras. ¿Por qué se turba al escuchar unas palabras y no al ver una persona? Porque había venido un ángel amable en su presencia, fuerte en la batalla; suave en la apariencia, terrible en su palabra, pronuncia palabras humanas y promete cosas divinas. De aquí que la virgen a quien la visión apenas impresionara la turbó y mucho la audición, y a la que la presencia del enviado le conmoviera poco, la conturbó con todo su peso la autoridad del que le enviaba. ¿Y qué más? De pronto sintió que había recibido en sí al juez supremo, en quien al principio vio y contempló al mensajero celestial. Y aun cuando con gran suavidad y piadoso afecto Dios convirtió a la virgen en madre y a la esclava el Señor la transforma en Madre suya, sin embargo todas sus entrañas se conmovieron, el alma se resiste y la misma condición humana se estremeció, cuando Dios, a quien toda la creación es incapaz de contener, todo él se encerró y se formó dentro de un seno humano.

Y se preguntaba —dice— qué saludo era aquél. Advierta vuestra caridad que —como hemos dicho— la Virgen no dio su consentimiento a las palabras del saludo, sino a la realidad, y que la voz no tenía el sentido de una acostumbrada cortesía, sino que era portadora de toda la eficacia de la suprema virtud. Reflexiona la Virgen: porque responder sin más es propio de la humana superficialidad, mientras que pensar la respuesta es señal de una gran ponderación y de un juicio muy maduro. Desconoce la grandeza de Dios quien no se espanta de la cordura de esta Virgen y no admira su fortaleza de ánimo. Teme el cielo, se estremecen los ángeles, la criatura no lo soporta, la naturaleza no se basta, y una muchachita de tal modo acoge a Dios dentro de su seno, lo recibe, lo regala con su hospedaje, que obtiene como pensión por la casa y como recompensa por el seno virginal paz para la tierra, gloria para los cielos, salvación para los perdidos, vida para los muertos, parentesco entre el cielo y la tierra y, para el mismo Dios, la participación de la naturaleza humana. Así se cumplió aquello del profeta: La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre.

San Pedro Crisólogo
Sermón 140 (CCL 24B, 847-849)

lunes, 8 de abril de 2013

La confianza de María y la incredulidad de Tomás

Fra Angelico: Anunciación
En el corto plazo de dos días, la liturgia nos regala dos textos cuya comparación nos resulta especialmente enriquecedora: la duda de Tomás y la fe de María. Tomás cede a la lógica humana, según la cual, es imposible que ningún difunto vuelva a la vida, ni que el escarnecido, por muchos milagros que hiciera en vida, pueda ahora triunfar sobre la tremenda decepción de verlo crucificado. Tomás no admite el testimonio de sus compañeros, no puede creer en algo que le resulta imposible.

María, en cambio, hoy dice sí a un plan absolutamente increíble: que la virgen conciba sin concurso de varón no al rey de Israel sino al Rey eterno, a Dios mismo. La muchacha sabe que se expone al escarnio público y a la pérdida de su prometido, pero no puede ni quiere decirle no al ángel que le anuncia el plan de salvación de Dios.

Ante nosotros, pues, quedan dos actitudes completamente contrapuestas: la que se cierra a la lógica humana y rechaza creer en una acción de Dios a la que considera imposible; es decir, rechaza que en el orden de lo humano puedan existir otras fuerzas que las intrínsecas a este mundo. Y, frente a esta lógica humana, está la humilde aceptación de lo que no se comprende, de lo que no se puede dominar, simplemente porque la confianza en el poder de Dios llega hasta donde no es capaz la lógica humana.

Al final, en María contemplamos y alabamos de generación en generación el triunfo de la humildad que, sencillamente, le dice sí a Dios, aunque no comprenda de que se trate. Y, por su parte, la lección que recibió del Resucitado Tomás nos enseña a poner toda nuestra confianza en el poder de quien es nuestro Señor y nuestro Dios.

La vida del monje está especialmente llamada a reproducir el ejemplo de María, confiando en un plan tantas veces digno de ser rechazo por humanamente inviable, pero al mismo tiempo determinado con providente amor desde toda la eternidad por el Creador para nuestro bien. A él sea la gloria, por los siglos de los siglos. Amén