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miércoles, 11 de noviembre de 2015

De la Vida de san Martín


Cierto día, no llevando consigo nada más que sus armas y una sencilla capa militar (era entonces un invierno más riguroso que de costumbre, hasta el punto de que muchos morían de frío), encontró Martín, en la puerta de la ciudad de Amiens, a un pobre desnudo. Como la gente que pasaba a su lado no atendía a los ruegos que les hacía para que se apiadaran de él, el varón, lleno de Dios, comprendió que sí los demás no tenían piedad, era porque el pobre le estaba reservado a él.

¿Qué hacer? No tenía más que la capa militar. Lo demás ya lo había dado en ocasiones semejantes. Tomó pues la espada que ceñía, partió la capa por la mitad, dio una parte al pobre y se puso de nuevo el resto. Entre los que asistían al hecho, algunos se pusieron a reír al ver el aspecto ridículo que tenía con su capa partida, pero muchos en cambio, con mejor juicio, se dolieron profundamente de no haber hecho otro tanto, pues teniendo más hubieran podido vestir al pobre sin sufrir ellos la desnudez.

A la noche, cuando Martín se entregó al sueño, vio a Cristo vestido con el trozo de capa con que había cubierto al pobre. Se le dijo que mirara atentamente al Señor y la capa que le había dado. Luego oyó al Señor que decía con voz clara a una multitud de ángeles que lo rodeaban: Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido.

En verdad el Señor, recordando las palabras que él mismo dijera: Lo que hicisteis a uno de estos pequeños, a mi me lo hicisteis, proclamó haber recibido el vestido en la persona del pobre. Y para confirmar tan buena obra se dignó mostrarse llevando el vestido que recibiera el pobre.

Martín no se envaneció con gloria humana por esta visión, sino que reconoció la bondad de Dios en sus obras. Tenía entonces dieciocho años, y se apresuró a recibir el bautismo- Sin embargo no renunció inmediatamente a la carrera de las armas, vencido por los ruegos de su tribuno, con quien lo ligaban lazos de amistad. Pues este prometía renunciar al mundo una vez concluido el tiempo de su tribunato. Martín, en suspenso ante esta expectativa, durante casi dos años después de su bautismo continuó en el ejército, aunque sólo de nombre.

Sulpicio Severo
Vida de San Martín

martes, 11 de noviembre de 2014

Abadía de Ligugé


El Monasterio de Ligugé fue fundado por san Martín de Tours. Martín se formó en Poitiers donde llegó en el año 356, convirtiéndose en discípulo del obispo Hilario. Después de una estancia fuera de esta ciudad, a su regreso el 361, se retiró a un lugar de las cercanías, donde ahora se encuentra Ligugé, donde se han encontrado testimonios arqueológicos de ocupación de época galo-romana. A su alrededor se reunieron sus discípulos en lo que se convertiría en un cenobio, al tiempo que se extendía la fama de su santidad. Se sitúa en este lugar uno de los episodios milagrosos del santo, cuando resucitó un catecúmeno que había muerto en su ausencia, cuando Martín regresó, intercedió para devolverle la vida y pudo ser bautizado. Su popularidad hizo que el 371 fuera proclamado, a pesar de su oposición inicial, obispo de Tours, cargo que compaginó con la práctica del monaquismo en Marmoutier donde también fundó un cenobio. Murió el 397.


A pesar de la falta de noticias, posiblemente esa casa tuvo continuidad y sólo se puede asegurar la existencia de una comunidad en el año 591, cuando recibe la visita de Gregorio de Tours. Las escasas noticias hablan de destrucciones y reconstrucciones, por otra parte se conoce una obra redactada por el monje Defensor de Ligugé hacia el 700, el "Liber scintillarum" y también se han encontrado restos arqueológicos consideradas construcciones de aquella época bajo la iglesia actual. Durante el siglo VIII fue víctima de la inestabilidad de las guerras normandas y el monasterio habría quedado abandonado, perdiéndose su rastro durante dos siglos. Se sitúa hacia el siglo VIII o IX una lápida sepulcral de un abate desconocido, que habría edificado la basílica dedicada a san Martín, aquella iglesia y monasterio se habrían perdido a mediados del siglo IX, saqueados.


En 1607 y con el consentimiento del obispo de Maillezais, el priorato de Ligugé fue entregado a los jesuitas de Poitiers, estos hicieron algunas restauraciones de los edificios y lo mantuvieron como casa de reposo hasta su expulsión en 1762, fecha en que pasó al capítulo de Poitiers que se hizo cargo del lugar hasta que la Revolución puso los bienes en manos del Estado y en 1793 se puso a la venta. En 1853 con la llegada de una comunidad procedente de la abadía de Solesmes, se restableció la vida monástica, obteniendo el título de abadía en 1856.


Desde aquí se impulsaron otras fundaciones monásticas. En 1880, con motivo de la legislación laicista francesa, se produjo la restauración en España del Monasterio de Silos. En 1885 la comunidad regresó a Ligugé, pero tuvieron que abandonar nuevamente la casa entre los años 1901 y 1923. El conjunto monástico de la actual abadía está formado básicamente por construcciones del siglo XIX. La iglesia monástica de la actual comunidad está situada a poniente y data del siglo XX.


lunes, 11 de noviembre de 2013

De la Vida de san Martín


3,1. Cierto día, no llevando consigo nada más que sus armas y una sencilla capa militar (era entonces un invierno más riguroso que de costumbre, hasta el punto de que muchos morían de frío), encontró Martín, en la puerta de la ciudad de Amiens, a un pobre desnudo. Como la gente que pasaba a su lado no atendía a los ruegos que les hacía para que se apiadaran de él, el varón- lleno de Dios, comprendió que sí los demás no tenían piedad, era porque el pobre le estaba reservado a él. 3,2. ¿Qué hacer? No tenía más que la capa militar. Lo demás ya lo había dado en ocasiones semejantes. Tomó pues la espada que ceñía, partió la capa por la mitad, dio una parte al pobre y se puso de nuevo el resto. Entre los que asistían al hecho, algunos se pusieron a reír al ver el aspecto ridículo que tenía con su capa partida, pero muchos en cambio, con mejor juicio, se dolieron profundamente de no haber hecho otro tanto, pues teniendo más hubieran podido vestir al pobre sin sufrir ellos la desnudez.
3,3. A la noche, cuando Martín se entregó al sueño, vio a Cristo vestido con el trozo de capa con que había cubierto al pobre. Se le dijo que mirara atentamente al Señor y la capa que le había dado. Luego oyó al Señor que decía con voz clara a una multitud de ángeles que lo rodeaban: “Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido”. 3,4. En verdad el Señor, recordando las palabras que él mismo dijera: "Lo que hicieron a uno de estos pequeños, a mi me lo hicieron" (Mt 25,40), proclamó haber recibido el vestido en la persona del pobre. Y para confirmar tan buena obra se dignó mostrarse llevando el vestido que recibiera el pobre.
3,5. Martín no se envaneció con gloria humana por esta visión, sino que reconoció la bondad de Dios en sus obras. Tenía entonces dieciocho años, y se apresuró a recibir el bautismo- Sin embargo no renunció inmediatamente a la carrera de las armas, vencido por los ruegos de su tribuno, con quien lo ligaban lazos de amistad. Pues este prometía renunciar al mundo una vez concluido el tiempo de su tribunato. Martín, en suspenso ante esta expectativa, durante casi dos años después de su bautismo continuó en el ejército, aunque sólo de nombre.

Sulpicio Severo
Vida de San Martín