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lunes, 14 de julio de 2014

Convento de dominicas de La Solana


Visitamos hoy el convento de las Madres Dominicas de La Solana, en la Diócesis de Ciudad Real. Como cuentan ellas mismas en su Web, están en La Solana desde 1.593. La fundación del monasterio se llevó a cabo gracias a la generosidad del Bachiller Juan Díaz de Sabina, presbítero y religioso de la Orden de San Juan de Malta, natural y vecino de La Solana y a una hermana suya. La fundación se hizo en las casas de su morada, dándoles a las monjas para iglesia una ermita, que había junto a ellas, dedicada al glorioso Patriarca San José.

Para hacer la fundación vinieron Sor Lucía de Torres, priora, procedente del monasterio de Santa Catalina de Granada, y con ella sor Felipa de Santiago, sor Isabel de Jesús, y sor Juana de Chaves. Y del convento de Chinchilla vino sor Francisca de la Trinidad. Ilustres monjas que dejaron honda huella viviendo con ejemplaridad y perfección la observancia regular. Ellas fueron, poco a poco, habilitando las distintas dependencias del monasterio y claustros, y sobre todo implantaron la vida contemplativa dominicana desde sus propias vidas.

La continuidad histórica de la vida religiosa en este monasterio se vio rota durante el periodo de la guerra civil entre 1.936-39, en esta época, nuestra casa fue convertida en cárcel y sus muros contemplaron el horror de la muerte entre hermanos. Por fin, el 29 de octubre de 1.951 se recomienza la vida contemplativa. Desde entonces se ha procurado restaurar el monasterio, adaptándose a la adecuada renovación espiritual de la vida religiosa, según las exigencias de los tiempos.

viernes, 23 de agosto de 2013

De los escritos de santa Rosa de Lima


El divino Salvador, con inmensa majestad, dijo:

«Que todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia; que todos se convenzan que sin el peso de la aflicción no se puede llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas. Guárdense los hombres de pecar y de equivocarse: ésta es la única escala del paraíso, y sin la cruz no se encuentra el camino de subir al cielo».

Apenas escuché estas palabras, experimenté un fuerte impulso de ir en medio de las plazas, a gritar muy fuerte a toda persona de cualquier edad, sexo o condición:

«Escuchad, pueblos, escuchad todos. Por mandato del Señor, con las mismas palabras de su boca, os exhorto: No podemos alcanzar la gracia, si no soportamos la aflicción; es necesario unir trabajos y fatigas para alcanzar la íntima participación en la naturaleza divina, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta felicidad del espíritu».

El mismo ímpetu me transportaba a predicar la hermosura de la gracia divina; me sentía oprimir por la ansiedad y tenía que llorar y sollozar. Pensaba que mi alma ya no podría contenerse en la cárcel del cuerpo, y más bien, rotas sus ataduras, libre y sola y con mayor agilidad, recorrer el mundo, diciendo:

«¡Ojalá todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites! Sin duda alguna, se entregarían, con suma diligencia, a la búsqueda de las penas y aflicciones. Por doquiera en el mundo, antepondrían a la fortuna las molestias, las enfermedades y los padecimientos, incomparable tesoro de la gracia. Tal es la retribución y el fruto final de la paciencia. Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos, si conociera cuál es la balanza con que los hombres han de ser medidos».

viernes, 19 de julio de 2013

Dominicas de Argentina

El siguiente reportaje de la Orden de los Predicadores (dominicos), nos permite conocer la vida contemplativa de tres monasterio argentinos: los de la Inmaculada del Valle (Catamarca), Santa Catalina de siena de buenos Aires, y el de Nuestra Señora del Rosario de Mendoza. El testimonio de estas hermanas es verdaderamente hermoso, y merece la pena dedicarle unos minutos. Que el Señor las bendiga.