jueves, 21 de agosto de 2014
Apotegmas de un monje a sí mismo
miércoles, 20 de agosto de 2014
San Bernardo: Amo porque amo, amo por amar
El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.
El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la criatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que..la ama con mayor intensidad.
Sermón 83 sobre el libro del Cantar de los cantares (4-6: Opera omnia, ed. Cist. 2, 1958, 300-302)
sábado, 16 de agosto de 2014
Familia Monástica de Belén
La Familia monástica de Belén, de la Asunción de la Virgen y de san Bruno es fundada el 1 de Noviembre de 1950 en la plaza de san Pedro de Roma cuando el papa Pío XII proclama el dogma de la Asunción de la Virgen, según el cual María ha sido elevada de la tierra al cielo en cuerpo y alma. Algunos peregrinos franceses oyen entonces la llamada a darlo todo para que nazcan nuevas comunidades en la Iglesia.
Su vocación será la de comulgar con la vida de la Madre de Dios presente en el corazón de la Trinidad, en una vida de adoración del Padre en Espíritu y en Verdad. Así, en 1951, en un pequeño pueblo francés, una comunidad de mujeres consagradas comienza a vivir en silencio este “Proyecto de la Virgen”.
En la fiesta de san Bruno, el 6 de Octubre de 1976, los primeros hermanos reciben el hábito monástico en la capilla de Nuestra Señora de Casalibus, en el macizo de la Cartuja, al Este de Francia. Se establecen en el monasterio de Currière- en Chartreuse donde llevan la misma vida que las monjas, formando una comunidad aparte.
jueves, 14 de agosto de 2014
miércoles, 13 de agosto de 2014
Escritos del santo Hermano Rafael - 23 -
25 de marzo de 1938 - viernes
¡Jesús mío, qué bien se vive sufriendo a tu lado, aquí en la vida oculta del monasterio!... ¡Qué lástima me da de los del mundo!
Ha venido mi hermano a visitarme..., cuánto le quiero, es un ángel de Dios. Me edifica su cristiano modo de pensar, su conducta tan seria y formal, su alma en la cual veo madera para edificar, y un corazón apto para Dios... Eso es mi hermano, el simpático teniente de artillería.
Vino con permiso del frente, y... hablamos..., hablamos del mundo y hablamos de Dios.
Después de haber pasado con él el día, ahora en el retiro de mi celda, pienso lo bueno que es Dios al haberme traído a mí a la vida religiosa, lejos del mundo y a los pies de Jesús.
Qué feliz soy en medio de mis penas y sacrificios... Qué feliz soy de poder ser un alma que sufre por Jesús... Qué feliz soy de poder poner mis ansias, mis deseos, mis flaquezas incluso, a los pies del Tabernáculo de Jesús.
Hablé con mi hermano del mundo..., y vilo que ya otras veces pensé: la vanidad de las cosas del mundo.
Me habló de mi familia..., su preocupaciones y sus intereses... Hablamos de proyectos futuros... Me contó detalles de la nueva vida de mis padres y hermanos, reformas en la casa. Me habló de perros, caballos, automóviles..., que sé yo.
Qué bueno es Dios que de todo eso me ha separado... Para mí ya no hay nada que me interese... Qué feliz soy con sólo Dios y mi cruz.
En el mundo se sufre..., todo son afanes, deseos, esperanzas..., pocas veces cumplidas. En el mundo se lloran intereses materiales, viles y deleznables... En el mundo se llora poco por Cristo. En el mundo se sufre poco por Dios.
¡Qué pena me da del mundo!... Pierde el tiempo el hombre en bagatelas; pierde el tiempo en llorar esta vida que es un soplo de niño en medio de una tempestad, que es un grano de arena en el mar..., un instante en la eternidad.
No envidio a nadie... No quiero libertad si ésta no me sirve más que para olvidarme de lo único necesario, que es el amar a Jesús en la Cruz.
¡Qué pena me da del mundo!…. que no sabe en medio de sus ansias de placer y felicidad, que la única dicha es poder llegar a morir abrazado a la Cruz de Jesús, entre lágrimas de dolor, suspiros y ansias de cielo y de amor.
Yo sufro mucho..., sí. Algunas veces es muy grande la carga que he echado en mis débiles y enfermas espaldas... Miro hacia atrás y... es tan duro vivir en pobreza para el que tuvo de todo y de nada careció... Miro hacia adelante y... me parece tan empinada la cuesta que tengo que subir. ¡A veces se oculta Jesús tan profundamente! Mi vida se ha reducido a una continua renuncia en todo. Y eso, no es fácil a una criatura tan frágil y quebradiza como yo... Por eso sufro.
Sin embargo..., ¡oh! maravillas de la gracia divina, comprendo porque sí, que es obra de ella lo que me ocurre. (No sé si me explicaré).
Siento una alegría inmensa de poder sufrir por Jesús, como no me hubiera podido imaginar Amo cada día más mi cruz..., y no quisiera soltarla por nada del mundo.
Recuerdo cuando en el mundo era feliz, muy feliz. Padres cristianos, bienestar, salud y libertad, todo me sonreía... ¿Quién piensa en sufrir?
Jesús me llama. Soledad y pobreza, enfermedad, encierro sin sol..., a veces algo muy negro y que me hace llorar..., no sé lo que es.
A Dios no le veo..., y en medio de todo, grito con toda la vehemencia de mi corazón... ¡¡Qué feliz soy, cuánto sufro por Jesús!! No quiero la felicidad del mundo, con ella seria un desgraciado... Quiero sufrir por Él, sin verle..., solamente me basta el saber que es por Él.
El mundo esto no lo comprende..., es muy difícil. Yo sé que es la gracia de Dios, pero no sé explicarlo.
Hoy con mi hermano, hablamos del mundo. Sentí pena..., me vi lejos de todo lo que amaba mi corazón y aún ama, y no creo sea esto ilícito. ¿Quién que tenga entrañas, no ama su hogar?
Sin embargo, Dios sigue actuando en mi alma, siento muy dentro un alejamiento de todo que no sé explicar.
Siento un afecto muy tierno y dulce a mi familia, pero de otra manera que antes.
Hallo más gozo en no sentir el amor de Jesús, que el que pudiera hallar en el sensible de las criaturas. Me da pena mi soledad, sufro con ella, y no quisiera por nada del mundo dejarla.
No sé si esto alguien lo entenderá.
¡Es tan difícil explicar por qué se ama el sufrimiento! Pero yo creo que se explica, porque no es al sufrimiento tal como éste es en sí, sino tal como es en Cristo, y el que ama a Cristo, ama a su Cruz. Y yo de esto no sé salir. aunque lo comprendo.
Y es tanto lo que a Jesús quiero, que no quiero nada fuera de Él. Y noto que Jesús me quiere tanto, que moriría de pena si supiera que amo yo a alguien más que a Él.
Me siento tan unido a su voluntad, que cuando sufro dejo de sufrir al comprender que Él lo quiere así.
Estoy en una tal situación que cuando pienso en esto me pierdo...
Espero en Jesús tener pronto un guía que todo esto me explique y ordene en mi alma, pues si no, me voy a volver loco.
¡Ah, Señor Jesús, cuánto te quiero! Si mil vidas tuviera, mil te daría... Con tu gracia divina y la ayuda de María, lo puedo todo. Bendito seas.
Ha venido mi hermano a visitarme..., cuánto le quiero, es un ángel de Dios. Me edifica su cristiano modo de pensar, su conducta tan seria y formal, su alma en la cual veo madera para edificar, y un corazón apto para Dios... Eso es mi hermano, el simpático teniente de artillería.
Vino con permiso del frente, y... hablamos..., hablamos del mundo y hablamos de Dios.
Después de haber pasado con él el día, ahora en el retiro de mi celda, pienso lo bueno que es Dios al haberme traído a mí a la vida religiosa, lejos del mundo y a los pies de Jesús.
Qué feliz soy en medio de mis penas y sacrificios... Qué feliz soy de poder ser un alma que sufre por Jesús... Qué feliz soy de poder poner mis ansias, mis deseos, mis flaquezas incluso, a los pies del Tabernáculo de Jesús.
Hablé con mi hermano del mundo..., y vilo que ya otras veces pensé: la vanidad de las cosas del mundo.
Me habló de mi familia..., su preocupaciones y sus intereses... Hablamos de proyectos futuros... Me contó detalles de la nueva vida de mis padres y hermanos, reformas en la casa. Me habló de perros, caballos, automóviles..., que sé yo.
Qué bueno es Dios que de todo eso me ha separado... Para mí ya no hay nada que me interese... Qué feliz soy con sólo Dios y mi cruz.
En el mundo se sufre..., todo son afanes, deseos, esperanzas..., pocas veces cumplidas. En el mundo se lloran intereses materiales, viles y deleznables... En el mundo se llora poco por Cristo. En el mundo se sufre poco por Dios.
¡Qué pena me da del mundo!... Pierde el tiempo el hombre en bagatelas; pierde el tiempo en llorar esta vida que es un soplo de niño en medio de una tempestad, que es un grano de arena en el mar..., un instante en la eternidad.
No envidio a nadie... No quiero libertad si ésta no me sirve más que para olvidarme de lo único necesario, que es el amar a Jesús en la Cruz.
¡Qué pena me da del mundo!…. que no sabe en medio de sus ansias de placer y felicidad, que la única dicha es poder llegar a morir abrazado a la Cruz de Jesús, entre lágrimas de dolor, suspiros y ansias de cielo y de amor.
Yo sufro mucho..., sí. Algunas veces es muy grande la carga que he echado en mis débiles y enfermas espaldas... Miro hacia atrás y... es tan duro vivir en pobreza para el que tuvo de todo y de nada careció... Miro hacia adelante y... me parece tan empinada la cuesta que tengo que subir. ¡A veces se oculta Jesús tan profundamente! Mi vida se ha reducido a una continua renuncia en todo. Y eso, no es fácil a una criatura tan frágil y quebradiza como yo... Por eso sufro.
Sin embargo..., ¡oh! maravillas de la gracia divina, comprendo porque sí, que es obra de ella lo que me ocurre. (No sé si me explicaré).
Siento una alegría inmensa de poder sufrir por Jesús, como no me hubiera podido imaginar Amo cada día más mi cruz..., y no quisiera soltarla por nada del mundo.
Recuerdo cuando en el mundo era feliz, muy feliz. Padres cristianos, bienestar, salud y libertad, todo me sonreía... ¿Quién piensa en sufrir?
Jesús me llama. Soledad y pobreza, enfermedad, encierro sin sol..., a veces algo muy negro y que me hace llorar..., no sé lo que es.
A Dios no le veo..., y en medio de todo, grito con toda la vehemencia de mi corazón... ¡¡Qué feliz soy, cuánto sufro por Jesús!! No quiero la felicidad del mundo, con ella seria un desgraciado... Quiero sufrir por Él, sin verle..., solamente me basta el saber que es por Él.
El mundo esto no lo comprende..., es muy difícil. Yo sé que es la gracia de Dios, pero no sé explicarlo.
Hoy con mi hermano, hablamos del mundo. Sentí pena..., me vi lejos de todo lo que amaba mi corazón y aún ama, y no creo sea esto ilícito. ¿Quién que tenga entrañas, no ama su hogar?
Sin embargo, Dios sigue actuando en mi alma, siento muy dentro un alejamiento de todo que no sé explicar.
Siento un afecto muy tierno y dulce a mi familia, pero de otra manera que antes.
Hallo más gozo en no sentir el amor de Jesús, que el que pudiera hallar en el sensible de las criaturas. Me da pena mi soledad, sufro con ella, y no quisiera por nada del mundo dejarla.
No sé si esto alguien lo entenderá.
¡Es tan difícil explicar por qué se ama el sufrimiento! Pero yo creo que se explica, porque no es al sufrimiento tal como éste es en sí, sino tal como es en Cristo, y el que ama a Cristo, ama a su Cruz. Y yo de esto no sé salir. aunque lo comprendo.
Y es tanto lo que a Jesús quiero, que no quiero nada fuera de Él. Y noto que Jesús me quiere tanto, que moriría de pena si supiera que amo yo a alguien más que a Él.
Me siento tan unido a su voluntad, que cuando sufro dejo de sufrir al comprender que Él lo quiere así.
Estoy en una tal situación que cuando pienso en esto me pierdo...
Espero en Jesús tener pronto un guía que todo esto me explique y ordene en mi alma, pues si no, me voy a volver loco.
¡Ah, Señor Jesús, cuánto te quiero! Si mil vidas tuviera, mil te daría... Con tu gracia divina y la ayuda de María, lo puedo todo. Bendito seas.
martes, 12 de agosto de 2014
Carmelitas Descalzas
Este video nos muestra la vida de las Carmelitas Descalzas, tal como se vive en el Monasterio de Santa Maria de Guadalupe, en Monterrey (México).
lunes, 11 de agosto de 2014
Clarisas de Castrojeriz
En la fiesta de santa Clara, que hoy celebramos, visitamos la entrañable comunidad de Castrojeriz, situada sobre el Camino de Santiago, que se ha convertido en un referente de oración cristiana para los peregrinos que hasta sus venerables muros se acercan. Que el Señor os bendiga, hermanas.
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