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sábado, 20 de abril de 2019

Apotegmas de un monje a sí mismo

Moretto da Brescia - Entierro de Cristo

80.- Lamentación sobre Cristo muerto. Monje, trata de compartir en tu oración los sentimientos de los discípulos. Aquél en quien había creído, por quien lo habían dejado todo, había quedado desacreditado ante todo el pueblo en la Cruz como un impostor abandonado y maldito por Dios. Aquél en quien habían puesto su esperanza como salvador de Israel, yacía en un sepulcro y ellos mimos se habían escondido, desesperados, para escapar de su misma suerte. Y, sobre todo, aquél al que habían amado, había muerto ante sus ojos después de una tortura inhumana. Y ahora, ¿qué? Esta misma pregunta te habrá asaltado en los momentos difíciles de tu vida. Responde con las últimas palabras de Jesús: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Llora hoy en silencio, monje, y comparte el dolor de la Madre del Señor, de sus discípulos, y de cuantos sufren las consecuencias del pecado humano.

miércoles, 15 de febrero de 2017

La verdadera base de la oración


La verdadera base de la oración reside en controlar los pensamientos en medio de una gran paz y tranquilidad a fin de evitar los obstáculos exteriores. El hombre deberá, entonces, combatir, talar en el bosque los pensamientos malvados que lo rodean, impulsarse hacia Dios sin ceder ante la voluntad de sus pensamientos, sino, por el contrario, en medio de su dispersión, reunir los pensamientos malvados con los naturales. El alma, bajo el peso del pecado, avanza como a través de un río invadido por cañaverales, como a través de una espesura de arbustos y de zarzas. Aquel que quiere atravesarlo debe extender las manos y, penosamente, separar por la fuerza el obstáculo que lo aprisiona. Así, los pensamientos del poder enemigo envuelven al alma. Es necesario, pues, un gran celo y una extensa atención de espíritu para reconocer los pensamientos intrusos del poder.

Pseudo Macario el Grande
Homilías espirituales

martes, 8 de noviembre de 2016

Isaac de Nínive. Recogimiento


Apresúrate a entrar en el tálamo de tu corazón;
allí encontrarás el tálamo del Cielo,
pues estas dos cámaras no son más que una
y por una sola y única puerta,
tu corazón puede penetrar en una y otra.
La escala que sube al Reino
está escondida en lo más profundo de tu corazón.

miércoles, 15 de junio de 2016

Nilo el Asceta. Sobre la oración


Sabiendo custodiar el fruto de la benevolencia y de la caridad por tus sinceros hermanos, reza por el enfermo para que se mejore y para que en futuro camine llevando su cama, por gracia de Cristo. Amén

Si uno quiere preparar un perfume con un buen aroma, pondrá por partes iguales, según la ley, incienso puro, canela, ónix y mirra. Éstos corresponden a las cuatro virtudes. En efecto, si éstas están puestas en cantidades iguales y por partes iguales, el intelecto no será entregado al enemigo.

El alma purificada por el cumplimiento de los mandamientos hace que la condición del intelecto se mantenga firme y capaz de recibir el estado deseado.

La oración es la unión del intelecto con Dios; ¿en qué estado necesita pues el intelecto encontrarse para poder tenderse hacia el Señor, sin darse vuelta. y conversar con Él sin ningún intermediario?

Si Moisés, tratando de acercarse a los arbustos que ardían, no pudo hacerlo hasta tanto no se hubo quitado el calzado de los pies, tú que quieres ver a Aquel que supera todo sentido y todo pensamiento, y conversar con Él, ¿como no te desprenderás de todo pensamiento pasional?

jueves, 24 de diciembre de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


59.- Luz en medio de la noche. Monje, esta noche será larga. La oscuridad envuelve el mundo, pero la luz terminará triunfando. Como los pastores, has de estar esta noche santa en vela. Así verás la gloria del Señor. Su luz es tu gozo y tu alegría, pues te iluminará con la verdadera Sabiduría, que Dios nos ha revelado en el Verbo encarnado. En él está la Vida, y la vida es la luz de los hombres.

sábado, 18 de julio de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Roger van der Weyden. Crucifixión

92.- La grandeza de Dios. Monje, cuando contemples la inmensidad insondable del universo, y te sientas insignificante, no dudes ni te atemorices: confía, simplemente, en quien te llamó a la existencia para amarte, para ser tu compañero y para compartir contigo, en el Espíritu Santo, el amor de Dios Padre Todopoderoso, fuente de toda bondad.

jueves, 9 de julio de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


91.- La bondad de Dios. Monje, no se me ocurre mejor forma de seguir al Señor que vivir permanentemente en la bondad. A fin de cuentas, como dice el apóstol, en Jesucristo se nos ha aparecido el amor y la bondad de Dios. De tal forma que tu bondad no es fruto de tu esfuerzo, sino participación en la bondad del Señor, aceptación de su bondad en nuestro pensamiento y en nuestro obrar. A través de la bondad, monje, vivirás en el amor, anunciarás amor, llegarás al Amor.

jueves, 2 de julio de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


90.- El perdón que Dios nos ofrece. Monje, un día se detuvo Jesús ante un paralítico, lo miró con compasión, y le perdonó sus pecados. ¿Qué era más terrible: la enfermedad de su cuerpo, o la parálisis de su alma? La gente, sin embargo, se extrañaba de que un hombre se atreviese a hacer lo que sólo Dios puede hacer: perdonar los pecados. ¡Admirable milagro! Somos curados por el Señor, y levantados de nuestra propia postración. Que nunca cese nuestra alabanza ante tanta misericordia.

sábado, 20 de junio de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Lippo Memmi - Cristo bendiciendo

89.- Confianza. Monje, cierra los ojos y abandona, confiado, tu suerte en manos de Cristo, el Señor. No pretendas saber cómo alcanzarás todo lo que él te promete; no quieras adelantar la hora de su cumplimiento; no intentes conducir tu existencia según tus propios criterios. Confía tu suerte a su Palabra. Nada sobre la tierra bastará para salvarte; sólo su amor providente te acogerá y redimirá la vaciedad y fragilidad de tu ser.

viernes, 12 de junio de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


88.- El amor de Cristo. Monje, ¡qué difícil es ponderar la inmensidad del amor de Jesús! Fue amado por María, la Madre, que lo siguió a pie firme hasta la Cruz; fue amado por José, quien lo cuidó a pesar de no siempre comprender; miró con ojos amorosos a los que llamó a seguirle; tanto amó a Juan, que lo llamó "el discípulo amado"; fue amado por la Lázaro, Marta y María; el amor que la Magdalena le profesó mereció verlo resucitado; fue su mirada amorosa la que conmovió a Pedro y lo rescató de la negación. También a ti, monje, te amó cuando te concedió la fe y cuando murió por ti en la Cruz. Procura, pues, que tu vida, responda en la limitada medida de tus posibilidades a su inmenso amor.

sábado, 23 de mayo de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Juan de Flandes - Pentecostés

87.- Ver al Señor. Monje, por el Espíritu Santo hemos obtenido la remisión de los pecados; por él nos purificamos de todas nuestras inmundicias; por la donación del Espíritu, de hombres nos convertimos en ángeles. ¡Tan grande es el poder del Espíritu Santo!

jueves, 14 de mayo de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


85.- Ver al Señor. Monje, el Señor se marchó, ascendió al sitió del que había descendido, para concedernos poder ir junto a él hacia Dios Padre todopoderoso. No volvió a ser visto por sus discípulos, pero les envió la fuerza del Espíritu Santo, que desde entonces ha acompañado el inseguro caminar de la Iglesia. Tú tampoco, monje, has visto al Señor. Pero puedes contemplarle en los sacramentos, en los signos de su amorosa presencia; puedes escucharle en la palabra que con afán escudriñas cada día; y debes obedecerle en el soplo por el que el Espíritu te guía.

martes, 5 de mayo de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


84.- Paz en el Espíritu Santo. Monje, que no tiemble tu corazón ni se acobarde. El Señor, es cierto, se marchó, ascendió a los cielos y se sentó a la derecha del padre. Pero nos dejó el Espíritu Santo. A través de su fuerza vivificadora, la Palabra del Señor se mantiene viva y eficaz, y nos guía entre las dificultades de este mundo hacia la paz del Reino Eterno, que Cristo nos ha prometido alcanzar en su Resucrrección.

viernes, 24 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo


83.- La Eucaristía. Monje, sin comer la carne del Señor y sin beber su sangre, no hay posibilidad de tener vida, pues su carne es verdadera comida, y su sangre verdadera bebida. No son alimentos corporales, sino sustento para la vida divina, de la que nos ha sido concedido participar en el inmenso amor y compasión que Dios nos ha tenido. De dicha realidad, ha querido el Señor dejarnos un sacramento en el que verdaderamente nos alimentamos del Señor. De la Eucaristía, monje, recibe vida tu vida, como culminación de tu encuentro orante con el Señor.

sábado, 11 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Perugino - La Resurrección

82.- El amor de Cristo. Monje, mira cuánto amor derrocha Cristo resucitado. Vuelve no para castigar a quienes ha rechazado y asesinado a Dios, sino para concedernos la salvación. Vuelve a los suyos, a los que llamó para ser sus discípulos, aunque le negaron y lo abandonaron. En Cristo resucitado resplandece hasta deslumbrar el inmenso amor de Dios, capaz de vencer nuestro pecado, nuestro odio, nuestro egoísmo, nuestro temor. El amor de Cristo resucitado es fuerte como el sol que amanece, se impone victorioso sobre la tiniebla que cubre el mundo. Monje, nunca temas la tiniebla de tu pecado: Cristo resucitado te ama, y te ilumina con la claridad de la presencia de Dios.

domingo, 5 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Memling - Cristo resucitado

81.- Aleluya. Monje, verdaderamente ha resucitado el Señor. Ha vencido el león de la tribu de Judá. Ha muerto la muerte, y la vida se nos ha dado en esperanza, para que por siempre estemos en la luz del amor de Dios. Exulta y goza en el Señor, que ha hecho obras admirables. Su santo brazo, extendido no para matar, sino para dejarse clavar en la cruz, ha vencido el poder del mal que te sedujo y que te apartó del amor de Dios. Persevera junto a Cristo resucitado, monje, para que un día, también tú, amanezcas en el Señor.

sábado, 4 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Moretto da Brescia - Entierro de Cristo

80.- Lamentación sobre Cristo muerto. Monje, trata de compartir en tu oración los sentimientos de los discípulos. Aquél en quien había creído, por quien lo habían dejado todo, había quedado desacreditado ante todo el pueblo en la Cruz como un impostor abandonado y maldito por Dios. Aquél en quien habían puesto su esperanza como salvador de Israel, yacía en un sepulcro y ellos mimos se habían escondido, desesperados, para escapar de su misma suerte. Y, sobre todo, aquél al que habían amado, había muerto ante sus ojos después de una tortura inhumana. Y ahora, ¿qué? Esta misma pregunta te habrá asaltado en los momentos difíciles de tu vida. Responde con las últimas palabras de Jesús: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Llora hoy en silencio, monje, y comparte el dolor de la Madre del Señor, de sus discípulos, y de cuantos sufren las consecuencias del pecado humano.

viernes, 3 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Juan de Flandes - Crucifixión

79.- Salve, Cruz gloriosa. Monje, saluda con todo afecto a la Cruz. No la tengas miedo; su atroz sufrimiento fue temporal, pero la gloria que el Dios Padre Todopoderoso concedió al Crucificado, resucitándole de entre los muertos, permanece más allá del tiempo. Consagraste tu vida a buscar la sabiduría; pues bien, monje, si te apartas de la Cruz, por más que parezca necedad a los ojos del mundo, jamás la encontrarás. Contempla al que traspasaron: de su costado manan los ríos de agua viva que alegran la ciudad de Dios. Salve, cruz gloriosa, árbol de la salvación en el que, muriendo el autor de la Vida, destruyó nuestra muerte.

jueves, 2 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

El Greco - La oración del Huerto

78.- Adoración y vigilancia. Monje, la noche del Jueves Santo debes comenzarla en adoración. Cristo se ha entregado por toda la humanidad, ha decidido no rehuir la Cruz para evitar que nosotros tengamos que perecer, y se ha hecho nuestro alimento pascual, para que podamos recorrer el camino de esta vida hasta que lleguemos a compartir su divinidad. En esa Eucaristía que queda reservada compareces ante la presencia santísima del Dios que se ha reducido a la nada para que tú lo tengas todo. Pero, también, es la noche de la agonía del Señor, de su sufrimiento, de su soledad. No le dejes solo, no le abandones, que él nunca te abandonará en tus angustias, en tus soledades, en tu agonía.

miércoles, 1 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Giotto - La traición de Judas

77.- La hora de la tiniebla. Monje, es la hora de la tiniebla, es la hora de la traición, es la hora de la negación. Como Judas traicionó al Señor que, amándole, le había escogido para compartir su Reino, también cada uno de tus pecados cubre de oscuridad la luminosa presencia del Señor. Pero Jesús no fulminó a Judas, ni castigó la negación de Pedro. Esperó paciente el arrepentimiento de ambos. Judas abandonó toda esperanza y dejó de creer en el misericordioso amor de Dios; Pedro, en cambio, se dejó vencer por la misericordia del Crucificado. Monje, aunque te tiente o te llegue a vencer la hora de la tiniebla, nunca desesperes, como Judas, sino procura vivir en el arrepentimiento, como Pedro.