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sábado, 28 de noviembre de 2015

Speculum Caritatis. Gracia y libertad

30.- Donde hay voluntad, allí hay libertad. Y, como ya hemos dicho, el libre albedrío parece constar de estos dos elementos: de la libertad de la voluntad y de la decisión de la razón.

La voluntad de cualquier parte puede sacar bienes para el hombre, aunque ni en los bienes ni en los males se pierda. Si esto es así, no se puede perder tampoco la libertad, ni la razón, ni la capacidad de juzgar.

¿Qué entonces? ¿Porque Dios es quien obra en nosotros el querer, perderemos por eso el querer? ¿O porque de Dios depende que usemos bien de la razón. acaso no usamos de la misma? ¿O porque nos viene de Dios todo lo que hagamos de bien, no haremos el bien? ¿O porque no somos suficientes para pensar algo por nosotros como de nosotros, pues nuestra suficiencia nos viene de Dios, no habría suficiencia?

Todo esto, aunque es por gracia de Dios que lo hagamos, sin embargo, no lo hacemos sin la voluntad y la razón, y por consiguiente sin libre albedrío.

Elredo de Rieval
El Espejo de la Caridad

martes, 17 de noviembre de 2015

Speculum Caritatis. El libre albedrío

29.- El libre albedrío es una fuerza natural del alma o, si es posible expresado con más claridad, aquello propio del hombre por lo que éste se inclina a algo con ayuda de la la razón; no consiste en la inclinación hacia el bien o hacia el mal, en una u otra cosa, sino en la misma raíz del consentimiento.

Así como son cosas distintas la vista y la visión, puesto que la vista es uno de los cinco sentidos corporales y, en cambio, es la visión el ejercicio de ese sentido, igualmente hemos de decir del consentimiento y de aquello con que se consiente.

El consentimiento es una acción del alma y el libre albedrío es una fuerza natural de aquélla, por la que se inclina, con la ayuda de la razón en ella existente, a elegir lo que la atrae. Mas como el consentimiento se ejerce por la voluntad y el juicio por la razón, estas dos cosas, la razón y la voluntad, constituyen el libre albedrío.

La razón, en cierto modo, propone las cosas buenas o malas, lo justo y lo injusto, e incluso aquellas otras intermedias. Y la voluntad, y sólo ella, ejerce el consentimiento.

Elredo de Rieval
El Espejo de la Caridad

jueves, 5 de noviembre de 2015

Speculum Caritatis. El libre albedrío, entre el deseo y la caridad

28.- Entre la concupiscencia carnal, muy adecuadamente llamada deseo, y aquella otra, propia del espíritu, que no sin razón denominamos caridad, puesto que es espíritu de Dios y no nuestro: La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Entre estas dos, repito, tiene un lugar medio lo que en el hombre se llama libre albedrío, para que el alma, o cualquiera de ellas que se vuelva, lo haga ciertamente por el libre albedrío.

Que nadie, por tanto, se equivoque ni se atreva a suponer en el hombre igual facultad para inclinarse al bien y al mal, ya que no somos capaces de pensar nada como verdaderamente nuestro; es Dios el que obra en nosotros, tanto el querer como el hacer, según su voluntad: y nada depende decisivamente del que quiere ni del que se fatiga, sino sólo de Dios misericordioso.

¿Qué diremos por consiguiente? ,¡Se desprende de todo ello que en el hombre no exista el libre albedrío? Todo lo contrario.

Elredo de Rieval
El Espejo de la Caridad

viernes, 30 de octubre de 2015

Speculum Caritatis. No hago lo que quiero.

27.- Ciertamente, sólo la parte de nuestra alma que comúnmente llamamos amor y que, por efecto de la nueva infusión de la caridad y de los restos de la vieja concupiscencia, se nos muestra como en lucha contra sí misma a causa del apetito contrario, sólo ésta es capaz de caridad y de concupiscencia.

Por esta razón dijo el Apóstol: No hago lo que quiero. Y también: La carne tiene deseos contrarios a los del espíritu y el espíritu los tiene contrarios a los de la carne, como que son cosas entre sí puestas; por cuyo motivo no hacéis vosotros todo aquello que queréis.

Rectamente se ha de entender que el Apóstol de ningún modo describe dos naturalezas contrarias en el hombre, con los nombres de carne y espíritu, como imaginaron los malvados maniqueos; antes bien, con el nombre de espíritu expresa la renovación del alma, a causa de la infusión de la caridad, pues la caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado; y con el vocablo carne indica la miserable servidumbre del alma, a causa del viejo reata, que provoca en el alma un conflicto constante suscitado entre nuestro hombre viejo y el nuevo.

Elredo de Rieval
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martes, 27 de octubre de 2015

Speculum Caritatis. Nuestro amor se eleva hacia las alturas

25.- Es verdad que nuestro amor, inficionado por el veneno de la concupiscencia y atado miserablemente por los tenaces lazos de la voluptuosidad, es llevado por su propio peso de vicio en vicio, siempre de mal en peor. Mas, cuando la caridad interviene y con su propio calor disuelve esta innata tendencia, entonces nuestro amor se eleva hacia las alturas, abandona su vetustez para vestirse de novedad y se adorna con las plateadas alas de la paloma, con las cuales poder volar.. hasta aquel sublime y puro Bien en donde encuentra su origen.

Esto fue lo que con toda claridad dijo san Pablo a los atenienses; pues, disertando sutil y extensamente acerca de Dios y probando con todo rigor por las obras de los filósofos la existencia de un solo Dios, en el que vivimos, nos movemos y somos, dijo entre otras cosas que nosotros somos de su linaje, añadiendo que, por tanto, somos linaje de Dios.

No obstante, nadie piense haber dicho el Apóstol que somos del linaje de Dios de tal modo que pertenezcamos a su misma sustancia o naturaleza. De otra suerte, no podríamos ser ni mudables, ni corruptibles, ni siquiera miserables; es decir, seríamos como su Unigénito, que, nacido de su sustancia, en todo se manifiesta igual al Padre.

Ahora bien, asegura que somos linaje de Dios, o más bien no lo niega, por cuanto el alma racional, creada a imagen de Dios, conoce que puede participar de su sabiduría y felicidad. Así es como la caridad eleva nuestra alma a aquello para lo que fue creada, mientras que la concupiscencia la arrastra hacia lo que ella espontáneamente tiende.

Elredo de Rieval
El Espejo de la Caridad

viernes, 23 de octubre de 2015

Speculum Caritatis. La caridad renueva la imagen de Dios

24.- Está claro, si no me engaño, que así como el hombre, apartándose del sumo Bien, no por los pasos de los pies, sino por el afecto del corazón, y reconcentrándose sobre sí misma la humana soberbia, corrompió la imagen de Dios que en sí tenía, del mismo modo, la humildad humana, alcanzando a Dios por el afecto del corazón, renueva la imagen de aquel que la creó.

Por eso dice el Apóstol: Renovaos en el espíritu de vuestra mente y revestios del hombre nuevo. Y ¿cómo se hará esta renovación, sino por medio del nuevo precepto de la caridad, del cual dijo el Salvador: Os doy un mandamiento nuevo?

En efecto, revistiéndose el alma de esta caridad perfectamente, sin duda reformaría la memoria y la mente, que, como dijimos, estaban igualmente corrompidas. Con razón, pues, se nos recomienda para nuestra salud el contenido de este único precepto, en que se verifica el despojo del hombre viejo, la renovación de la mente. y la reforma de la imagen divina.

Elredo de Rieval
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miércoles, 21 de octubre de 2015

Speculum Caritatis. Me levantaré e iré a mi Padre

23.- ¿De dónde viniste al huerto? ¿De dónde, sino de la Cruz? Ojalá que yo tome tu cruz y te siga. Pero, ¿cómo te seguiré? Y tú me preguntas cómo me separé de ti.

Creo, Señor, que no lo hice con el movimiento de los pies, sino mediante el afecto del alma. No deseando- que la sustancia del alma se mantuviese contigo, la acerqué a mí y, queriendo poseerme a mí sin ti, te perdí a ti y a mí.

He venido a ser una carga para mí mismo. Me he convertido en lugar de miseria y tinieblas, en paraje horroroso y región de ignorancia y necesidad. Por tanto, me levantaré e iré a mi Padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Elredo de Rieval
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lunes, 19 de octubre de 2015

Speculum Caritatis. Toda mi grandeza proviene de tu pequeñez

22.- Maravillosa se ha hecho tu ciencia en mí, se ha fortalecido y no podré con ella. Mientras tanto, Señor Jesús, me abrazaré a ti, como el niño se abraza con el niño, como el enfermo con el enfermo, como un hombre abraza a un hombre; y aún diré más, como un pobre se abraza a otro pobre, puesto que tú también fuiste pobre y te asentaste sobre una asna y sobre su pollino.

Así, pues, te he de abrazar, Señor, porque toda mi grandeza proviene de tu pequeñez, toda mi fortaleza de tu debilidad y toda mi ciencia de tu necedad.

Correré tras el olor de estos ungüentos. No te admires de que llame ungüentos a estas cosas que sanan al enfermo, robustecen al débil y alegran al triste; porque animado por su olor y rociado con su aspersión, estoy dispuesto a seguirte, Señor Jesús.

Te seguiré, Señor, aunque no llegue al monte de los aromas donde te encuentra tu esposa, ni al huerto en donde fue sembrada tu carne. Aquí, efectivamente, saltas de gozo, aquí duermes. Aquí, Señor, aquí duermes, aquí descansas, y aquí celebras el sábado de dulzura. Contigo sepultaste mi carne, para que yo, que vivo en carne, no viva en mí, sino en ti, que te entregaste a ti mismo por mí.

Escóndase contigo también, Señor, la mirra del pudor, para que no reine ya más el pecado sobre mi cuerpo mortal, ni haga como el jumento que se corrompe en su propio estiércol.

Elredo de Rieval
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martes, 21 de julio de 2015

Speculum Caritatis. Conviértete al Señor

21.- Ahora te preguntaré si quieres poseer tú el ser y el saber. Supuesto que sí, junta estas tres cosas: ser, saber y querer. Vuélvete, oh rebelde, hacia tu corazón, y considera cuál sea la unidad y la igualdad de estas tres cosas; y cuando hubieses hallado que existen en ti, pero no son por ti, entonces piensa en la eterna esencia, en la eterna sabiduría y en la eterna voluntad de la eterna sabiduría y esencia, y no digas en tu corazón: No hay Dios, sino, más bien, reflexionando, conviértete al Señor con todos los confines de la tierra.

Elredo de Rieval
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viernes, 3 de julio de 2015

Speculum Caritatis. Esta sabiduría verdadera es la que se inyectaba a las almas santas para que pudieran ser sabias

19.- Si me objetas que un ángel puede hacerse sabio, te preguntaré de dónde le ha de venir a éste el ser sabio; y si es que él a sí mismo se hizo tal, volvemos a caer en el mismo conflicto. Réstanos, por consiguiente, que la sabiduría haga sabios a los demás, pero no pueda ser hecha.

La sabiduría jamás puede perder el juicio, ya que nunca puede tornarse en necedad; como la muerte nunca puede ser vida, aunque sí lo sea para nosotros la muerte de Cristo. Igual que la luz jamás podrá ser tinieblas, por más que en otro tiempo nosotros sí lo fuimos; ahora, sin embargo, somos luz en el Señor. Juan no era la luz, sino que había de dar testimonio acerca de ella. Existía la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta sabiduría verdadera es la que se inyectaba a las almas santas para que pudieran ser sabias. ¿Te parece, oh necio, que todo esto es poco?

20.- De nuevo pregunto: ¿Sabes que existes? Me dirás que nadie puede ignorar semejante verdad. Pero has de saber que ni el filósofo de profesión posee sobre esto certeza absoluta. ¿Has existido tú siempre? Si no ha sido así, sin duda de algún sitio habrás tomado lo necesario para poder existir. ¿Te hiciste a ti mismo? Grande obra es hacer esto, no siendo tú nada. ¿De dónde, pues, te ha venido a ti el existir? Quizá lo has recibido de otro hombre, que acaso lo recibió a su vez de un ángel. Pero, el ángel, ¿de dónde? Debemos, por tanto, afirmar que la esencia de la que todas las cosas reciben el ser no ha sido hecha, como tampoco la sabiduría, de la que los demás seres reciben el poder saber.

Guárdate para ti el saber de esta o de otra forma, y el ser de talo de cual manera. Háblete en el corazón el que tiene en sí el ser, que es el mismo saber, y ya no digas en tu corazón: "No hay Dios." Viéndote plenamente en él, en cuanto que tienes ser, no puedes decir en tu corazón que Dios no exista, a no ser que tú también seas Dios

Elredo de Rieval
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jueves, 25 de junio de 2015

Speculum Caritatis. El necio se hace sabio a sí mismo.

18.- Me dices: Así no la encuentro, sino que a mí mismo me hago sabio, a fuerza de meditar y ejercitarme. ¿Acaso, pues, engendras tú a tu sabiduría y te haces sabio? Afirmas que es posible. Yo te había presentado el caso del necio, y he aquí que tú te has hecho sabio hasta el punto de poder considerarte suficiente para hacer la sabiduría.

Esto de hacerse uno a sí mismo sabio, ¿no te parece que no es poco saber? Pero si alguien dijese que el necio puede hacerse sabio a sí mismo, sin duda hará reír a todo el que lo oiga, porque, ¿de dónde puede venirle la sabiduría al idiota? ¿Acaso de otro hombre sabio? Y a este sabio, ¿de dónde le vino? ¿Acaso de sí mismo? Y antes de ser sabio, sin duda era un necio. Así de nuevo caemos en el antedicho abuso, que el necio se hace sabio a sí mismo. 

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miércoles, 17 de junio de 2015

Speculum Caritatis. Disputa contra el necio, que dice en su corazón: No hay Dios

17.- Dime, te ruego, cualquiera que seas, y tan necio como para afirmar en tu corazón: No hay Dios, ¿crees que existe algún sabio? Quizás tú mismo. Sea así; pero, ¿eres tan sabio que no puedes hacerte necio o, si eres necio, lo eres hasta tal extremo, que no puedas llegar a ser sabio? Si rechazas esta alternativa, habré de decir, no que has perdido el juicio, sino más bien que careces de vida. Por consiguiente, si has perdido el juicio, ¿crees desaparecida la sabiduría? Pero, por otra parte, tú puedes hacerte sabio; de donde te ruego que me digas: ¿con qué sabiduría? Existirá, por tanto, la sabiduría, aun habiendo perdido tú el juicio. La habrá, dices, pero en el hombre sabio. Mas ¿existe algún hombre que no pueda perder el juicio? Así, pues, si todos los hombres pueden perder el juicio, sin embargo existirá la sabiduría, pues de otra forma no podrían comenzar de nuevo a saber.

Tú dices que la sabiduría quedó en los ángeles; ahora bien, por naturaleza, al menos, también los ángeles pueden perder el juicio, como lo confirma aquella ingente multitud de ángeles necios, los que, en verdad, tuvieron la misma naturaleza que los demás ángeles, aunque no la misma gracia.

Si ninguna naturaleza de por sí es sabia, el juicio necesariamente le ha de venir de la sabiduría. ¿De dónde, pues, ha de venirle al necio para que nuevamente sepa? Cierto que para poder ser sabio es la sabiduría la que ha de ser hallada por el necio, ya que de lo que no existe nada puede encontrarse si no empieza a existir.

Elredo de Rieval
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martes, 2 de junio de 2015

Speculum Caritatis. Me abrazaré a ti, a ti crucificado.

16.- Mientras esto llega, te suplico, oh Señor Jesús, que se cubra de plumas, sí, se cubra de plumas mi alma en el nido de tu Ley y repose en los agujeros de la peña, anidando en las piedras del roquedal, en las concavidades de la muralla. Me abrazaré a ti, a ti crucificado; beberé de tu dulcísima sangre; ocuparé mi memoria con tu. suavísima meditación, a fin de que el olvido no la oscurezca enteramente y no sepa de otra cosa más que de Cristo, y éste crucificado, para que el vano error no desvíe mi conocimiento de la solidez de la fe, y ésta reclame para sí tu maravilloso amor, no siendo así absorbido mi corazón por la mundana concupiscencia.

Pero, ¿sólo para mí debo desear esto? Que se cumpla, Señor, te lo suplico, que se cumpla aquel dicho profético: Se acordarán y se convertirán al Señor todos los confines de la tierra. Se acordarán, dijo; por consiguiente, interpretó que estaba escondida, mas no totalmente olvidada en el alma racional la memoria de Dios; y así advertirás que no fue una nueva grabación, sino simple reparación de aquella antigua. Pues, de no tener naturalmente de algún modo la razón humana una cierta reminiscencia de Dios, creo que el necio no sería capaz de poder exclamar en su corazón: No hay Dios.

Elredo de Rieval
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lunes, 18 de mayo de 2015

Speculum Caritatis. Solamente una cosa es necesaria

15.- ¿Qué haces, alma humana, en qué te ocupas? ¿Por qué te atas con el cuidado de tantas cosas? Solamente una cosa es necesaria ¿para qué te aturdes con más? Todo lo que apeteces en tantas, lo tienes en una. Si pretendes grandezas, si anhelas saber, si ansías placeres, si buscas nadas en abundancia, todo esto, absolutamente todo, lo encontrarás aquí, en su máxima perfección, como en ninguna otra parte.

¿Acaso en este lago de miseria y de barro hediondo puede haber verdadera grandeza y excelencia? ¿Acaso en esta región tenebrosa puede darse auténtica ciencia? ¿Por ventura en este lugar horrísono y de vasta soledad se hallará gozo verdadero, y entre tantas calamidades verdadera abundancia? Porque, ¿qué excelencia hay en el mundo que el temor no deteriore y cuál será la ciencia del hombre, que no se comprende a sí mismo?

Afirmamos, por tanto, que, si te deleitas en la carne, te comportas igual que el caballo y el mulo, los cuales carecen de entendimiento; si te complaces en honores y riquezas, cuando mueras nada llevarás contigo, ni tu gloria ni tus riquezas." Porque allí está la verdadera grandeza, donde nada más puede desearse; y la verdadera ciencia, donde nada se ignora; y la felicidad auténtica, que solamente aparece allí donde el fastidio carece de acceso; y la abundancia real se encuentra allí, donde jamás será posible que se agote.

¡Ay de nosotros, que nos hemos apartado de ti, Señor! ¡Ay de mí, que vivo desterrado en esta tierra ya demasiado tiempo! ¿Cuándo iré a comparecer en tu presencia? ¿Quién me diera alas de paloma para volar y descansar?

Elredo de Rieval
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miércoles, 6 de mayo de 2015

Speculum Caritatis. ¡Oh eterna, verdadera y amada Trinidad!

14.- Pagada ya la deuda a la que estaba sujeta la naturaleza humana por el Mediador entre Dios y nosotros, Cristo Jesús hombre; rota la cédula con que nos tenía amarrados la dura soberbia del antiguo enemigo; despojados enteramente los principados y potestades, a los cuales nos había sometido la divina justicia; aplacado, finalmente, el Padre Dios por aquel singular sacrifico en la Cruz, vienen así a repararse la memoria por el documento de la Sagrada Escritura, el entendimiento por el sacramento de la fe y el amor por el incremento cotidiano de la caridad.

La renovación de la imagen sería perfecta si el olvido no alterase la memoria, si ningún error oscureciese el entendimiento y si ninguna concupiscencia se opusiese al amor. Pero, ¿dónde y cuándo ocurrirá esto? Esta paz, esta tranquilidad, esta felicidad, se esperan en la Patria donde no hay lugar al olvido para los que viven en la Eternidad, ninguna filtración de error para los que gozan de la Verdad y ningún impulso de pasión para los absortos en la divina Caridad.

¡Oh eterna y verdadera Caridad! Oh verdadera y amada Eternidad! ¡Oh amada y eterna Verdad! ¡Oh eterna, verdadera y amada Trinidad! Aquí está el descanso, aquí la paz, aquí la feliz tranquilidad, aquí la tranquila felicidad y aquí el gozo feliz y tranquilo.

Elredo de Rieval
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lunes, 27 de abril de 2015

Speculum Caritatis. Fue corrompida, afeada en el hombre la imagen de Dios, pero no destruida totalmente

12.- Por el mal uso del libre albedrío su amor se apartó de aquel sumo Bien, y, ofuscado por la propia concupiscencia, se encaminó hacia lo peor, separándose de lo que era verdaderamente bueno y pasando a lo que de por sí carece de bien; donde aspiraba encontrar lo perfecto, vino a encontrar la imperfección; y, amándose perversamente, perdió a Dios y se perdió a sí mismo. Justamente ocurrió que quien apetecía asemejarse a Dios en contra de su divina voluntad, aun para hacerse más semejante a él por la curiosidad, se tornara más desemejante a causa de la concupiscencia. Fue corrompida, afeada en el hombre la imagen de Dios, pero no destruida totalmente. Por eso, aunque el hombre posee memoria, ella está sujeta al olvido; tiene ciencia, pero expuesta al error; también tiene amor, mas inclinado a la concupiscencia.

13.- La huella de la Santísima Trinidad todavía permanece en esta trinidad del alma racional, aun siendo mísera, por haber quedado grabada en su misma sustancia; gracias a ella el alma rememora, piensa, se reconoce y se ama. Por ese medio su misma memoria ama; por ello también su mismo amor ama, piensa, recuerda y ama; por ello también ama su mismo amor, recuerda y conoce. En todo esto, como dijimos, se refleja la unidad de la sustancia y la trinidad de las palabras. De aquí que el salmista diga: El hombre pasa como una sombra, y en vano se conturba. En estas palabras, breve y expresamente, el santo David insinúa que no falta al alma humana la imagen de Dios por su naturaleza ni la corrupción por causa del pecado. El olvido corrompió su memoria; su ciencia se nubló con el error; y menguó el amor a causa de la concupiscencia.

Elredo de Rieval
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miércoles, 15 de abril de 2015

Speculum Caritatis. Cuanto mayor sea el amor del sumo Bien, tanto más lo serán el deleite y la felicidad

10.- Aunque en las tres cosas ya indicadas, o con ellas tres, se consiga la bienaventuranza, en la tercera, sin embargo, se encuentra el gusto de la misma bienaventuranza. Ciertamente es bajísimo deleitarse en cosas abyectas, en las que, con todo, no existe delectación alguna ni felicidad. Por consiguiente, donde el amor es nulo, también es nula la delectación; y así, cuanto mayor sea el amor del sumo Bien, tanto más lo serán el deleite y la felicidad. Aun cuando la memoria recuerde muchas cosas y aunque la ciencia capte lo más profundo, no habrá ningún deleite mientras la conversión de la voluntad no se haga a lo recordado por la memoria o a lo conocido por la ciencia.

11.- Nuestro primer padre fue dotado de libre albedrío y podía, en verdad, ayudado por la gracia, amar al mismo Dios, deleitarse en su memoria y ser perpetuamente feliz. Pudo desviarse de su mismo amor, llevándolo a algo menos perfecto, y así, separándose de su verdadero amor, entibiarse y caer en la miseria. Porque, como ninguna criatura racional puede ser bienaventurada sino adhiriéndose a Dios, así, en la misma medida que se separa de Dios le sobreviene la miseria. Adán fue colocado en situación de honor y no lo entendió. ¿Qué? Tal vez no comprendió aquello de uno que entrando en el santuario se dio cuenta no sólo de las cosas primeras, sino también de las postreras, porque he aquí -dijo- que los que se apartan de ti perecerán. Tú destruyes a los que te son infieles. No comprendió que los que apartan su corazón de Dios por la soberbia, caen en la necedad; y el que usurpa con engaño la "semejanza" de Dios, con razón viene a parar en la "desemejanza", propia de los brutos.

Elredo de Rieval
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lunes, 23 de marzo de 2015

Speculum Caritatis. Al hombre le fue concedido el poder ser bienaventurado

8.- Al hombre le fue concedido, en la misma creación universal, no sólo el existir, ni únicamente, como a las demás criaturas, el ser bueno, hermoso y ordenado, sino que se le otorgó también el poder ser bienaventurado. Pero ninguna criatura existe por sí misma, ni por sí misma es buena y hermosa, sino que todo ello lo recibe del que es; por ser éste en extremo bueno y hermoso, su bondad es fuente de todas las bondades, y su hermosura lo es de todas las bellezas creadas, y causa de todo cuanto existe.

9.- Sólo la criatura racional es capaz de esta bienaventuranza. Ella, en efecto, es creada a imagen de su Creador, y es idónea para adherirse a él, cuya imagen lleva; y esto es propio únicamente de la criatura racional, como dice el santo David:

Pero mi bien es estar adherido a Dios. Esta adhesión plena no procede de la carne, sino del espíritu, y en ella el Autor de la naturaleza insertó tres especies de cosas, por las cuales se hace el hombre partícipe de la divina eternidad, de su sabiduría, y saborea dar de su divina dulzura. A estas tres cosas las llamó memoria, entendimiento y amor o voluntad. Ciertamente, la memoria es capaz de la eternidad, la ciencia de la sabiduría, el amor de la dulzura. En estas tres cosas fue el hombre creado a imagen de la Santísima Trinidad. A Dios lo tenía presente por la memoria, sin peligro alguno de olvido, lo conocía por la ciencia sin miedo de error, y en apretado abrazo lo poseía por el amor, sin otro deseo de cosa alguna. En consecuencia, se sentía feliz, era bienaventurado.

Elredo de Rieval
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martes, 10 de marzo de 2015

Speculum Caritatis. Qué bien resulta más adecuado a la criatura racional que la bienaventuranza?

6.-  Por tanto, para que no parezca que callamos el modo en que cada criatura subsiste y cuál sea a cada una de ellas más conveniente, pregunto: ¿Qué bien resulta más adecuado a la criatura racional que la bienaventuranza, si es justa?, o ¿qué otra cosa le cuadra mejor que la miseria, si es inicua? En fin, ¿qué modo es el más adecuado para la criatura irracional, e incluso para la insensible, sino servir a la felicidad o cooperar a la desgracia de aquellos seres racionales, ya que ellas por naturaleza no pueden ser bienaventuradas ni infelices? Con atinado acierto dijo un sabio que el agua, el fuego, el hierro, la sal, el trigo, la miel, la leche, el vino, el aceite y el vestido, todas estas cosas son buenas para los piadosos, más para los pecadores se convierten en males. No discuta, por consiguiente, el hombre por qué le ha tocado un lugar común con los animales, ya que fue puesto en honor, y no lo entendió; y no sólo tiene el lugar común, sino que se le ha comparado con las bestias insensatas y se ha hecho semejante a ellas.

7.- Ahora se ha de advertir y predicar igualmente la sabiduría del Creador, que, aunque no sea el autor y provocador de los males, es, sin embargo, prudentísimo ordenador de estos mismos males. ¿Por qué, pues, oh dulcísimo y omnipotentísimo Señor, no dejas que el mal sea para mal, que por él se ponga en riesgo tu eterno propósito, a fin de que tu misma omnipotencia aparezca más clara, más suave tu misericordia y más admirable tu sabiduría, sacando con tu divino poder bienes de los males, ordenando sabiamente las desordenadas cosas y regalando misericordiosamente la bienaventuranza a los miserables?

Elredo de Rieval
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martes, 3 de marzo de 2015

Speculum Caritatis. Bondad y belleza de la Creación

4.-  Nuestro Dios, a quien corresponde el sumo e inmutable ser, y de quien es propio el existir siempre, como dice David: Tú siempre eres el mismo, a todas sus criaturas distribuye estas tres cosas: naturaleza, especie y uso. A su naturaleza se debe que sean buenas, a su especie que sean hermosas y al uso que estén bien ordenadas a su fin. El que hizo que tuviesen ser, hizo también que fuesen buenas, e igualmente hermosas y bien ordenadas. Todas las cosas son buenas al tener origen en un ser perfectísimo e inmutable, aquél por quien todas han sido hechas; como él es la suma perfección e inmutable sabiduría, todas las cosas están bien ordenadas. Son, por tanto, buenas por naturaleza, hermosas por la especie y bien ordenadas para el decoro de la universalidad. 

5. - Vio Dios todas las cosas que había hecho, y eran muy buenas. Así pues, en cuanto existen, son buenas; en tanto forman parte de un todo armónico, son hermosas; y en cuanto cada cosa dentro de esa universalidad ocupa su correspondiente lugar, tiempo y modo, se dice que están óptimamente ordenadas. Pues cada cosa, conforme a su naturaleza, tiene un lugar propio en donde estar; así, por ejemplo, el ángel en el cielo y los seres irracionales en la tierra, mientras que el hombre, por ocupar un lugar intermedio, fue colocado en el centro del Paraíso. Lo mismo decimos del tiempo, tanto de la duración como del momento de su aparición; o sea, del cuándo y en qué tiempo, pues en la hermosura de esta universalidad hay naturalezas que empiezan a existir todas a la vez y nunca dejarán de existir, como es la naturaleza angélica; otras, de ningún modo comienzan a existir todas juntamente, pero no abandonan lo adquirido ni ellas mismas dejan de ser, y tal ocurre con la naturaleza humana; y otras, finalmente, no empiezan al mismo tiempo y alguna vez dejarán de existir, como sucede a los irracionales. 
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