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jueves, 13 de junio de 2013


De la oración contemplativa al silencio contemplativo solo hay un paso. No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia. En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística.... ni siquiera alcancen el primero de paz interior. El silencio forzado será un silencio "vacuo", desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. Eso en vez de acercarte al Cielo, te deja a las puertas del Infierno. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.

La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.

De un Ermitaño Anónimo

viernes, 24 de mayo de 2013

La evangelización a través de la belleza

La palabra Evangelio significa buena noticia. Se refiere al anuncio de la salvación de la entera humanidad que Dios ha realizado por medio de su Hijo Jesucristo. No solo es un bien de carácter moral, ni la revelación de la verdad absoluta de la creación, ni tan siquiera la posibilidad de conseguir la deseada unidad en el amor que excluye toda división: es, así mismo, la máxima expresión humana de la belleza infinita de Dios. Por eso, el Evangelio no sólo se anuncia a través de actos de bondad, o a través de la exposición de la verdad, o a través de la unión con Dios: también se expresa, en su forma más sublime, a través de la belleza. De hecho, la belleza puede llegar a ser el instrumento evangelizador más poderoso, pues expresa lo que la razón o la voluntad humanas son incapaces de conseguir. Los monjes han sido siempre conscientes de ello y, sin renunciar a los otros aspectos, han hecho de la belleza no sólo una forma de vida, sino también un elocuente anuncio de la suprema belleza que solo de Dios procede. Hoy les mostramos un ejemplo, a través de una simple grabación en directo que un peregrino a Santiago de Compostela grabó en el Monasterio de Samos, en la que la arquitectura, la música y la liturgia se aliaron para sorprender gratamente al peregrino.