El Martirologio romano nos anuncia la celebración de un santo benedictino: Cerca de Burgos, en la región de Castilla, en España, san Sisebuto, abad de Cardeña (1086). Fue contemporáneo de santo Domingo de Silos, y de él apenas se conservan datos fidedignos acerca de su vida. Tan sólo sabemos que llevó al Monasterio de Cardeña a uno de sus momentos álgidos de espiritualidad. Con este motivo, escucharemos una entrevista hecha al Superior de la actual comunidad trapense que habita el Monasterio de Cardeña, en la habla acerca de la vida de la comunidad.
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viernes, 15 de marzo de 2019
San Sisebuto de Cardeña
El Martirologio romano nos anuncia la celebración de un santo benedictino: Cerca de Burgos, en la región de Castilla, en España, san Sisebuto, abad de Cardeña (1086). Fue contemporáneo de santo Domingo de Silos, y de él apenas se conservan datos fidedignos acerca de su vida. Tan sólo sabemos que llevó al Monasterio de Cardeña a uno de sus momentos álgidos de espiritualidad. Con este motivo, escucharemos una entrevista hecha al Superior de la actual comunidad trapense que habita el Monasterio de Cardeña, en la habla acerca de la vida de la comunidad.
martes, 3 de octubre de 2017
San Virila de Leyre
El Monasterio de Leyre recuerda hoy a san Virila. Según la tradición, estaba un día rezando junto a la comunidad las Vigilias; al terminar, salió del templo y se puso bajo un árbol a meditar el texto del salmo que acaba de rezar: Mil años en tu presencia son como un ayer que pasó. Meditaba estas palabras cuando, absorto, se quedó escuchando un pajarillo que cantaba al amanecer sobre una rama. Cuando volvió en sí, se dirigió al Monasterio pero, aunque encontró el edificio, no reconoció a los monjes, pues en verdad habían pasado muchos años en un momento, tal como el salmo cuenta.
Los rasgos legendarios de san Virila nos hablan de un monje entregado por completo a la oración y a la contemplación del misterio del Dios revelado en Jesucristo para nuestra salvación. El tiempo presente, tal como experimentó san Virila, no sería más que una preparación que se nos concede para la eternidad. En la oración y en la contemplación de la Palabra de Dios encontramos el camino seguro para alcanzar la gozosa meta para la que hemos sido creados.
viernes, 13 de noviembre de 2015
La Regla de san Leandro
San Leandro de Sevilla escribió una obra que llevaba por título : Libro de la Educación de las Vírgenes y del Desprecio del Mundo. Se trataba de una obra, dirigida a su hermana Florentina, con el fin de organizar la vida de una comunidad monástica de vírgenes. Se la conoce, también, como la Regla monástica de San Leandro. Sus fuentes son occidentales: Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Agustín..., aunque también contiene elementos del monacato egipcio a través de Juan Casiano.
En este día, en el que celebramos la memoria de san Leandro, volveremos nuestra mirada a aquel venerable texto monástico, leyendo las primeras líneas de esta obra.
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| Murillo: San Leandro |
LEANDRO, EN CRISTO DIOS, POR SU MISERICORDIA, OBISPO,
SALUDA A SU HIJA EN CRISTO Y HERMANA FLORENTINA
Al preguntarme con insistencia a mí mismo, queridísima hermana Florentina, qué caudal de riquezas podría dejarte en herencia como lote del patrimonio, acudían a mi imaginación multitud de bienes falaces. Pero después de espantarlos como molestas moscas con el meneo de la reflexión, me decía para mis adentros: «El oro y la plata proceden de la tierra, y a la tierra vuelven; la hacienda y las rentas patrimoniales son de poco valor, son caducas, pues pasa la apariencia de este mundo» Nada, por consiguiente, de lo que he contemplado bajo el sol lo he creído digno de ti, hermana mía; convencido estoy de que nada de ello puede caer en gracia a tu profesión. He visto que todo ha de ser mudable, caduco y vacío; por eso he comprendido qué verdad son las palabras de Salomón: Voy a ensalzar mis empresas: me edifiqué casas y planté viñas, me formé jardines y vergeles, y puse en ellos toda clase de árboles. Me construí estanques de agua para regar el plantío de los tiernos árboles. Tuve a mi disposición esclavos y esclavas y numerosa servidumbre. Asimismo, rebaños de bueyes, corderos y ovejas, como también de cabras, en mayor cantidad que todos cuantos existieron antes de mí en Jerusalén. Amontoné oro, y plata, y riquezas de reyes y regiones; me organicé cantores y cantoras y diversiones de los hombres; copas y vasijas para el servicio de los vinos. Y sobrepujé en riquezas a todos los que existieron en Jerusalén.
En resumen, que toda esta pompa humana la expuso en tales términos, que concluyó: Después de volver la mirada a todas las obras de mis manos y a los trabajos en que inútilmente me había afanado, vi en todo vanidad y un azotar el aire y que nada hay estable bajo el sol. Y en otro pasaje continúa el mismo: He aborrecido solemnemente a toda mi actividad, en que me empleé tan afanosamente en este mundo, pues he de tener un heredero, que ignoro si será avisado o necio. Él poseerá el fruto de mis trabajos, que tantos sudores y afanes me costaron. Y ¿puede haber algo tan huero como esto? Por eso he dado de mano a todo esto y decidido en mi intención no afanarme más en este mundo.
Por mi parte, pues, ilustrado con estas palabras del oráculo, no me creería un verdadero padre para ti si te entregara tales riquezas carentes de toda consistencia, que, pudiendo ser arrebatadas por los vaivenes del mundo, podrían dejarte pobre y desamparada. Además, cargaría sobre ti un cúmulo de ruinas y te expondría a un continuo temor si pensara en reservarte, en razón de tu legítima fraternidad para conmigo, tesoros que los ladrones podían robar, roer la polilla, devorar el orín, consumir el fuego, tragárselos la tierra, destruir el agua, abrasar el sol, pudrir la lluvia, congelar el hielo. Y, en efecto, no cabe duda que, enredado el espíritu en estos negocios humanos, se va apartando de Dios y acaba por alejarse de la norma inconmovible y permanente de la verdad. Ni es capaz tampoco de dar cabida en sí mismo a la dulcedumbre del Verbo de Dios y a la suavidad del Espíritu Santo el corazón que se ve agitado con tantos obstáculos mundanos y acribillado con tantas espinas de inquietudes temporales.
Si, pues, te ligare con tales lazos, si te echare encima tales cargas y te oprimiere con el peso de preocupaciones terrenas, deberías considerarme no como padre, sino como enemigo; habrías de pensar que era un asesino, no un hermano. Por eso, queridísima hermana, en vista de que todo cuanto se encierra bajo la bóveda del cielo se apoya sobre cimientos de tierra y va rodando sobre su haz, nada he encontrado digno de constituir tu tesoro. Allá en lo alto de los cielos hay que buscarlo, de modo que topes con el patrimonio de la virginidad allí donde aprendiste su profesión. El valor, pues, de la integridad se echa de ver en su recompensa, apreciándose su mérito por la retribución que recibe; pues cuanto más despreciable sería considerada si se enriqueciera con bienes transitorios y terrenos, tanto más bella y excelente es la virginidad, que después de pisar y repudiar los placeres del mundo, conservando en la tierra la entereza de los ángeles, se granjeó la herencia del Señor de los ángeles. ¿Cuál es entonces la herencia de la virginidad ¿No ves cómo la canta en los Salmos David, el salmista: El Señor es mi herencia; y en otro lugar: Mi lote es el Señor?
lunes, 5 de octubre de 2015
San Froilán de León
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| Parteluz de la Fachada de la Catedral de León: San Froilán |
Nos anuncia hoy el Martirologio Romano: En León, ciudad de Hispania, conmemoración de san Froilán, obispo, que primero fue eremita y después, ordenado obispo, evangelizó las regiones liberadas del yugo de los musulmanes, propagando la vida monástica y distinguiéndose por su beneficencia hacia los pobres (905).
Se conserva una corta biografía de Froilán, copiada en elegante minúscula visigótica por el diácono Juan, contemporáneo suyo. Esa copia es del año 920, quince años después de la muerte del santo obispo (905). Ignoramos quién fue su autor. A pesar de su estilo lacónico y de sus adherencias legendarias, podemos reconstruir los rasgos fundamentales de su vida y carácter.
Nace el año 833 en los arrabales de Lugo. Allí recibe durante sus primeros años la enseñanza que los concilios exigían a los candidatos para el sacerdocio. Al llegar a los dieciocho años su vida interior entró en crisis. Dudó entre la vida retirada del desierto o la actividad apostólica. El futuro fundador de cenobios y gran predicador de muchedumbres opta por la soledad de los montes. Los espíritus superiores toman personalmente la iniciativa de su vida y Froilán quiso consagrarla totalmente a la familiaridad íntima con Dios.
Mientras él gozaba de los encantos de la soledad, estallaba en la España musulmana una violenta persecución contra los cristianos. Tal vez la voz poderosa de esta sangre inocente retumbó entre los montes donde Froilán se escondía y le empujó a organizar una cruzada. Tal vez en el diálogo familiar con Dios sintió la invitación a la vida activa. Nos cuenta su biógrafo, con la ingenuidad de nuestros cantares de gesta y, sin duda, imitando los inicios de la predicación de Isaías, que al joven eremita le acuciaba la duda de si debía permanecer por más tiempo en aquellas soledades. Para liberarse de ella se sometió a la prueba del fuego. Si Dios suspendía las leyes, era señal evidente de su voluntad divina. Froilán introdujo unas brasas encendidas en su boca. El fuego no le causó la más mínima quemadura. Dios había hablado. De los montes se lanzó a los poblados a propagar entre los hombres otro fuego que le ardía dentro. Su vida nos dice escuetamente que recorría las ciudades predicando sin cesar la palabra divina con gran aplauso de todos.
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| Códice: Torre de Tábara |
En sus triunfos pastorales sentía irresistiblemente el atractivo de la soledad para reponer sus energías. Acompañado del sacerdote Atilano torna a su retiro. Ambos se escondieron en los montes de Curueño (León). Pero los pueblos en masa le seguían a su celda solitaria. Con las muchedumbres iban magnates y obispos que anhelaban oír su palabra. Entre sus oyentes se despertaron numerosos seguidores cautivados por sus ejemplos. Ante los ruegos insistentes se ve forzado a bajar a la ciudad de Veseo. Allí erige su primer monasterio, que llenará pronto con 300 monjes. Es el comienzo de una nueva etapa: fundador de cenobios.
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| San Salvador de Tábara |
Su fama salta los montes de León y llega a oídos de Alfonso III en Oviedo. El rey le envía mensajeros ordenándole venir a su corte. Honda impresión causó en Alfonso la presencia de aquel monje. Se fija en él para la gigantesca obra de repoblación que había comenzado su padre, Ordoño I. Las fronteras del reino astur-leonés llegaban por el sur hasta la línea del Duero.
Froilán puso en juego de nuevo su capacidad de iniciativa y se dio a recorrer las tierras del reino alfonsino. Su beligerante actitud le llevó a fundar dos grandes monasterios cerca de la frontera, a pocos kilómetros de Zamora. El primero fue el de San Salvador de Tábara. En él se congrega con 600 monjes de ambos sexos. Era uno de esos monasterios llamados dúplices, donde las monjas, aunque rigurosamente separadas, tenían la ventaja de la asistencia sacerdotal y de la defensa en caso de invasión.
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| Moreruela |
Del segundo monasterio tenemos aún menos noticias. Según el citado biógrafo, lo levantó en un emplazamiento alto y ameno junto a las aguas del Esla, al parecer cerca de Moreruela (Zamora). Sólo una frase añade a este laconismo: ..se reunieron allí 200 monjes consagrados a la ascesis de la vida regular.
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| Catedral de León |
Esa era la fama que corría de pueblo en pueblo y de comarca en comarca y que cada día ganaba más admiradores. Por eso no es extraño que, al quedar vacante la sede de León, se alzase unánime la voz del clero y del pueblo, reclamando por obispo al abad Froilán. El rey, que no había lo grado convencerle para que aceptase el oficio pastoral, se alegró sobremanera. Vencida su resistencia, fue consagrado obispo de León el día de Pentecostés, 19 de mayo del 900. Ese mismo día recibía también la consagración episcopal para la sede de Zamora su inseparable y santo amigo Atilano. Estas dos lumbreras, dice emocionado el autor anónimo, puestas sobre el candelero, iluminaron con la claridad de su luz eterna todos los confines de España. La Iglesia de León, que estaba dedicada, según una donación de la época, "a los señores, santos, gloriosos y, después de Dios, fortísimos patronos Santa María Virgen, Reina celeste, y San Cipriano, obispo y mártir", recibía ahora clamorosamente por obispo al que había de ser su Patrono hasta el día de hoy. Sólo la gobernó cinco años, pero el heroísmo de sus virtudes y el triunfo de su santidad la aureolaron para siempre.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Final del discurso, despedida y últimos consejos de la Regla para la Vírgenes de san Leandro de Sevilla
Ya camino al puerto, la nave de este discurso, y una vez recorrido el mar de nuestras enseñanza, echamos el ancla en la costa para descansar. Pero impulsado por el aliento de tu caridad, vuelvo a hacerme a la vela entre las olas de mis razonamientos. Te ruego, hermana Florentina por la trinidad celestial del Dios único, que pues saliste de tu tierra y de entre tus parientes, como Abrahán, no vuelvas la vista atrás, como la mujer de Lot, no vayas a ser un mal ejemplo y precedente para el bien de otras y no vean en ti el mal de que deben guardarse. Aquella mujer, se convirtió en sal de prudencia para otros y en estatua de necedad para sí; su mala acción le perjudicó a ella y a los demás les fue útil el escarmiento.
No te ha de halagar la idea de volver con el tiempo al país natal, de donde no te hubiera sacado Dios si hubiera querido que allí habitaras; pero porque previó que sería conveniente a tu vida religiosa, con acierto te sacó, como a Abraham de la Caldea y a Lot de Sodoma. Al fin, yo mismo reconozco mi error. ¡Cuántas veces, hablando con nuestra madre y deseando saber si le gustaría volver a la patria, ella que comprendía que había salido de allí por voluntad de Dios para su salvación, exclamaba, poniendo a Dios por testigo, que ni quería verla ni había de ver nunca a aquella tierra! Y con abundantes lágrimas añadía: “Mi destierro me hizo conocer a Dios; desterrada moriré y he de ser sepultada donde recibí el conocimiento de Dios”. Pongo por testigo a Jesús de que esto es lo que recuerdo haber oído de sus deseos y aspiraciones; que aunque viviera largos años, no volvería a ver aquella su tierra.
Por último te ruego, ya que eres mi queridísima hermana de sangre, que me tengas presente en tus oraciones y no te olvides del hermano menor Isidoro, que nos encomendaron nuestros padres a los tres hermanos supervivientes bajo la protección divina cuando, contentos y sin preocupación por su niñez, pasaron al Señor. Y puesto que lo amo como hijo, y prefiero su cariño a todas las cosas temporales y descanso reclinado en su amor, ámalo con tanto más cariño y ruega por él tanto más cuanto más tierno era el amor que le tenían los padres. Seguro estoy de que tu plegaria virginal inclinará hacia nosotros los oídos de Dios.
Y, si guardares la alianza que has pactado con Cristo, se te dará la corona y a mí el perdón de mis pecados. Y, si perseverares hasta el fin, te salvarás. Amén.
domingo, 5 de octubre de 2014
San Froilán de León
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| Parteluz de la Fachada de la Catedral de León: San Froilán |
Nos anuncia hoy el Martirologio Romano: En León, ciudad de Hispania, conmemoración de san Froilán, obispo, que primero fue eremita y después, ordenado obispo, evangelizó las regiones liberadas del yugo de los musulmanes, propagando la vida monástica y distinguiéndose por su beneficencia hacia los pobres (905).
Se conserva una corta biografía de Froilán, copiada en elegante minúscula visigótica por el diácono Juan, contemporáneo suyo. Esa copia es del año 920, quince años después de la muerte del santo obispo (905). Ignoramos quién fue su autor. A pesar de su estilo lacónico y de sus adherencias legendarias, podemos reconstruir los rasgos fundamentales de su vida y carácter.
Nace el año 833 en los arrabales de Lugo. Allí recibe durante sus primeros años la enseñanza que los concilios exigían a los candidatos para el sacerdocio. Al llegar a los dieciocho años su vida interior entró en crisis. Dudó entre la vida retirada del desierto o la actividad apostólica. El futuro fundador de cenobios y gran predicador de muchedumbres opta por la soledad de los montes. Los espíritus superiores toman personalmente la iniciativa de su vida y Froilán quiso consagrarla totalmente a la familiaridad íntima con Dios.
Mientras él gozaba de los encantos de la soledad, estallaba en la España musulmana una violenta persecución contra los cristianos. Tal vez la voz poderosa de esta sangre inocente retumbó entre los montes donde Froilán se escondía y le empujó a organizar una cruzada. Tal vez en el diálogo familiar con Dios sintió la invitación a la vida activa. Nos cuenta su biógrafo, con la ingenuidad de nuestros cantares de gesta y, sin duda, imitando los inicios de la predicación de Isaías, que al joven eremita le acuciaba la duda de si debía permanecer por más tiempo en aquellas soledades. Para liberarse de ella se sometió a la prueba del fuego. Si Dios suspendía las leyes, era señal evidente de su voluntad divina. Froilán introdujo unas brasas encendidas en su boca. El fuego no le causó la más mínima quemadura. Dios había hablado. De los montes se lanzó a los poblados a propagar entre los hombres otro fuego que le ardía dentro. Su vida nos dice escuetamente que recorría las ciudades predicando sin cesar la palabra divina con gran aplauso de todos.
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| Códice: Torre de Tábara |
En sus triunfos pastorales sentía irresistiblemente el atractivo de la soledad para reponer sus energías. Acompañado del sacerdote Atilano torna a su retiro. Ambos se escondieron en los montes de Curueño (León). Pero los pueblos en masa le seguían a su celda solitaria. Con las muchedumbres iban magnates y obispos que anhelaban oír su palabra. Entre sus oyentes se despertaron numerosos seguidores cautivados por sus ejemplos. Ante los ruegos insistentes se ve forzado a bajar a la ciudad de Veseo. Allí erige su primer monasterio, que llenará pronto con 300 monjes. Es el comienzo de una nueva etapa: fundador de cenobios.
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| San Salvador de Tábara |
Su fama salta los montes de León y llega a oídos de Alfonso III en Oviedo. El rey le envía mensajeros ordenándole venir a su corte. Honda impresión causó en Alfonso la presencia de aquel monje. Se fija en él para la gigantesca obra de repoblación que había comenzado su padre, Ordoño I. Las fronteras del reino astur-leonés llegaban por el sur hasta la línea del Duero.
Froilán puso en juego de nuevo su capacidad de iniciativa y se dio a recorrer las tierras del reino alfonsino. Su beligerante actitud le llevó a fundar dos grandes monasterios cerca de la frontera, a pocos kilómetros de Zamora. El primero fue el de San Salvador de Tábara. En él se congrega con 600 monjes de ambos sexos. Era uno de esos monasterios llamados dúplices, donde las monjas, aunque rigurosamente separadas, tenían la ventaja de la asistencia sacerdotal y de la defensa en caso de invasión.
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| Moreruela |
Del segundo monasterio tenemos aún menos noticias. Según el citado biógrafo, lo levantó en un emplazamiento alto y ameno junto a las aguas del Esla, al parecer cerca de Moreruela (Zamora). Sólo una frase añade a este laconismo: ..se reunieron allí 200 monjes consagrados a la ascesis de la vida regular.
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| Catedral de León |
Esa era la fama que corría de pueblo en pueblo y de comarca en comarca y que cada día ganaba más admiradores. Por eso no es extraño que, al quedar vacante la sede de León, se alzase unánime la voz del clero y del pueblo, reclamando por obispo al abad Froilán. El rey, que no había lo grado convencerle para que aceptase el oficio pastoral, se alegró sobremanera. Vencida su resistencia, fue consagrado obispo de León el día de Pentecostés, 19 de mayo del 900. Ese mismo día recibía también la consagración episcopal para la sede de Zamora su inseparable y santo amigo Atilano. Estas dos lumbreras, dice emocionado el autor anónimo, puestas sobre el candelero, iluminaron con la claridad de su luz eterna todos los confines de España. La Iglesia de León, que estaba dedicada, según una donación de la época, "a los señores, santos, gloriosos y, después de Dios, fortísimos patronos Santa María Virgen, Reina celeste, y San Cipriano, obispo y mártir", recibía ahora clamorosamente por obispo al que había de ser su Patrono hasta el día de hoy. Sólo la gobernó cinco años, pero el heroísmo de sus virtudes y el triunfo de su santidad la aureolaron para siempre.
viernes, 3 de octubre de 2014
San Virila de Leyre
El Monasterio de Leyre recuerda hoy a san Virila. Según la tradición, estaba un día rezando junto a la comunidad las Vigilias; al terminar, salió del templo y se puso bajo un árbol a meditar el texto del salmo que acaba de rezar: Mil años en tu presencia son como un ayer que pasó. Meditaba estas palabras cuando, absorto, se quedó escuchando un pajarillo que cantaba al amanecer sobre una rama. Cuando volvió en sí, se dirigió al Monasterio pero, aunque encontró el edificio, no reconoció a los monjes, pues en verdad habían pasado muchos años en un momento, tal como el salmo cuenta.
Los rasgos legendarios de san Virila nos hablan de un monje entregado por completo a la oración y a la contemplación del misterio del Dios revelado en Jesucristo para nuestra salvación. El tiempo presente, tal como experimentó san Virila, no sería más que una preparación que se nos concede para la eternidad. En la oración y en la contemplación de la Palabra de Dios encontramos el camino seguro para alcanzar la gozosa meta para la que hemos sido creados.
jueves, 20 de marzo de 2014
San Martín de Dumio
Recuerda hoy el Martirologio romano a un olvidado santo de la antigüedad monástica hispana: san Martín de Dumio, lugar próximo a Braga, capital que era del reino de los suevos. A él se atribuye la conversión al catolicismo de este pueblo bárbaro, establecido desde comienzos del siglo V en la parte noroeste de la Península, y como apóstol de los suevos es conocido en la historia por antiguos y modernos. Entre los antiguos aduzcamos ya el testimonio dé San Isidoro de Sevilla, su contemporáneo algo posterior. "Habían —dice San Isidoro— permanecido muchos reyes suevos en la herejía arriana, hasta que subió al trono Theudemiro. Este, por celo y esfuerzo de Martín, obispo del monasterio de Dumio, hombre esclarecido por su fe y su ciencia, volvió a los suevos a la fe católica". Al importante hecho se le asigna la fecha de 560.
San Martín recomendaba a sus monjes el desprendimiento de las cosas con este ejemplo: El abad Macario sale un día de su celda. A la vuelta halla a un ladrón que estaba cargando su jumento con los enseres del monje. Macario se hace el extranjero, le ayuda a cargar la bestia y le acompaña diciendo: "Nada trajimos al mundo y nada nos llevaremos de él".
Una sentencia de oro: "Todo trabajo sin humildad es vano ...".
Contra la fácil tentación de soberbia que acecha al monje como elegido y predestinado, san Martín contaba a los suyos: El abad Silvano fue arrebatado en éxtasis en su celda. Vuelto del éxtasis, lloraba. Importunado por su discípulo, dijo finalmente: "He sido arrebatado al juicio, hijo mío, y he visto a muchos con hábito de monjes ir a los suplicios y a muchos laicos subir al cielo". (Sententiae Patrum Aegyptiorum, 48). Y así fuera grato continuar.
Pero no eran sus monjes de Dumio la sola solicitud de San Martín. Para regular la vida del clero, recopiló, tradujo y ordenó una colección de cánones, tomados "de los sínodos de los antiguos Padres orientales", pero también de concilios españoles y africanos. Colección, sin duda, del mayor interés para el conocimiento de la organización y vida de la Iglesia y aun de las costumbres en general de aquellos tiempos. San Isidoro nos dice haber leído él mismo —ego ipse legi— un volumen de cartas en que "el obispo santísimo del monasterio dumiense exhortaba a la enmienda de la vida, al fervor en la oración, a la largueza en la limosna y, sobre todo, al culto de las virtudes y a la piedad". Estas cartas se han perdido y su pérdida es bien de lamentar, pues ellas nos hubieran acaso guardado lo mejor del alma del abad de Dumio.
Al rey Miro, sucesor de Theudemiro, le dirige San Martín el opúsculo Fórmula de la vida honesta, El tratado hubo de ser pedido al Santo por el rey mismo, que siente —dice Martín en el prólogo— sed ardentísima de la sabiduría y quiere ir a saciarla en las fuentes de donde manan los ríos de la ciencia moral. Si esta sed la suscitó, como es de suponer, el apóstol en sus conversos, ello sería gloria suya y de ellos. La Fórmula es un tratado de ética natural de corte e influencia senequista. San Martín Dumiense, de origen no hispano, es nuestro primer senequista. Hasta tal punto se penetra del estilo y pensamiento del cordobés, que la Edad Media nos ha transmitido la Formula vitae honestae bajo el nombre de Séneca. La nueva patria le prestó acaso también algo de su espíritu. A Séneca suena esta sentencia: "¿Qué importa que no estés en tu patria? Tu patria es el lugar donde has encontrado el bienestar, y la causa del bienestar no radica en el lugar, sino dentro ¿el hombre mismo". Lo mismo se diga del tratado De ira, que recuerda otro del mismo título de Séneca.
Objeto, en fin, de la solicitud del abad, obispo de Dumio era el pueblo humilde de los campos, imbuido aún de supersticiones paganas, célticas y germánicas. El tratado De correctione rusticorum, a par de un resumen de las verdades cristianas, da noticias de las supersticiones de las gentes del campo del reino suevo (y hay que suponer que de toda España). Para desacreditar la idolatría, San Martín apela a la teoría demónica. Muchos de los demonios expulsados del cielo presiden en el mar, en los ríos, fuentes y bosques, y los hombres que ignoran a Dios les dan culto como a dioses.
Sólo podemos ya citar por su mero título otras obras del Santo: Pro repellenda iactancia, De superbia y Exhortatio humilitatis, que tienen más sabor evangélico. Los opúsculos sobre la Pascua y De trina mersione responden a cuestiones muy debatidas en su tiempo.En exámetros virgilianos está compuesto por él mismo su epitafio, con que cerramos esta semblanza:
"Nacido en Panonia, atravesando los anchos mares y movido de impulso divino, llegué a esta tierra gallega, que me acogió en su seno. Fui consagrado obispo en esta iglesia tuya, oh glorioso confesor San Martín, restauré la religión y las cosas sagradas y, habiéndome esforzado en seguir tus huellas, yo, tu servidor Martín, que tengo tu nombre, pero no tus méritos, descanso aquí en la paz de Cristo".
Este descanso lo alcanzó el año 580. Cinco años más tarde moría también, bajo las armas victoriosas de Leovigildo, el reino suevo. San Isidoro le puso el epitafio: Regnum autem suevorum deletum in Gothis transfertur, quod mansisse CLXXVII annis scribitur, "Fue borrado el reino suevo que pasó a los godos y se dice haber durado ciento setenta y siete años".
sábado, 15 de marzo de 2014
San Sisebuto de Cardeña
El Martirologio romano nos anuncia la celebración de un santo benedictino: Cerca de Burgos, en la región de Castilla, en España, san Sisebuto, abad de Cardeña (1086). Fue contemporáneo de santo Domingo de Silos, y de él apenas se conservan datos fidedignos acerca de su vida. Tan sólo sabemos que llevó al Monasterio de Cardeña a uno de sus momentos álgidos de espiritualidad. Con este motivo, escucharemos una entrevista hecha al Superior de la actual comunidad trapense que habita el Monasterio de Cardeña, en la habla acerca de la vida de la comunidad.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
La Regla de san Leandro
San Leandro de Sevilla escribió una obra que llevaba por título : Libro de la Educación de las Vírgenes y del Desprecio del Mundo. Se trataba de una obra, dirigida a su hermana Florentina, con el fin de organizar la vida de una comunidad monástica de vírgenes. Se la conoce, también, como la Regla monástica de San Leandro. Sus fuentes son occidentales: Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Agustín..., aunque también contiene elementos del monacato egipcio a través de Juan Casiano.
En este día, en el que celebramos la memoria de san Leandro, volveremos nuestra mirada a aquel venerable texto monástico, leyendo las primeras líneas de esta obra.
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| Murillo: San Leandro |
LEANDRO, EN CRISTO DIOS, POR SU MISERICORDIA, OBISPO,
SALUDA A SU HIJA EN CRISTO Y HERMANA FLORENTINA
Al preguntarme con insistencia a mí mismo, queridísima hermana Florentina, qué caudal de riquezas podría dejarte en herencia como lote del patrimonio, acudían a mi imaginación multitud de bienes falaces. Pero después de espantarlos como molestas moscas con el meneo de la reflexión, me decía para mis adentros: «El oro y la plata proceden de la tierra, y a la tierra vuelven; la hacienda y las rentas patrimoniales son de poco valor, son caducas, pues pasa la apariencia de este mundo» Nada, por consiguiente, de lo que he contemplado bajo el sol lo he creído digno de ti, hermana mía; convencido estoy de que nada de ello puede caer en gracia a tu profesión. He visto que todo ha de ser mudable, caduco y vacío; por eso he comprendido qué verdad son las palabras de Salomón: Voy a ensalzar mis empresas: me edifiqué casas y planté viñas, me formé jardines y vergeles, y puse en ellos toda clase de árboles. Me construí estanques de agua para regar el plantío de los tiernos árboles. Tuve a mi disposición esclavos y esclavas y numerosa servidumbre. Asimismo, rebaños de bueyes, corderos y ovejas, como también de cabras, en mayor cantidad que todos cuantos existieron antes de mí en Jerusalén. Amontoné oro, y plata, y riquezas de reyes y regiones; me organicé cantores y cantoras y diversiones de los hombres; copas y vasijas para el servicio de los vinos. Y sobrepujé en riquezas a todos los que existieron en Jerusalén.
En resumen, que toda esta pompa humana la expuso en tales términos, que concluyó: Después de volver la mirada a todas las obras de mis manos y a los trabajos en que inútilmente me había afanado, vi en todo vanidad y un azotar el aire y que nada hay estable bajo el sol. Y en otro pasaje continúa el mismo: He aborrecido solemnemente a toda mi actividad, en que me empleé tan afanosamente en este mundo, pues he de tener un heredero, que ignoro si será avisado o necio. Él poseerá el fruto de mis trabajos, que tantos sudores y afanes me costaron. Y ¿puede haber algo tan huero como esto? Por eso he dado de mano a todo esto y decidido en mi intención no afanarme más en este mundo.
Por mi parte, pues, ilustrado con estas palabras del oráculo, no me creería un verdadero padre para ti si te entregara tales riquezas carentes de toda consistencia, que, pudiendo ser arrebatadas por los vaivenes del mundo, podrían dejarte pobre y desamparada. Además, cargaría sobre ti un cúmulo de ruinas y te expondría a un continuo temor si pensara en reservarte, en razón de tu legítima fraternidad para conmigo, tesoros que los ladrones podían robar, roer la polilla, devorar el orín, consumir el fuego, tragárselos la tierra, destruir el agua, abrasar el sol, pudrir la lluvia, congelar el hielo. Y, en efecto, no cabe duda que, enredado el espíritu en estos negocios humanos, se va apartando de Dios y acaba por alejarse de la norma inconmovible y permanente de la verdad. Ni es capaz tampoco de dar cabida en sí mismo a la dulcedumbre del Verbo de Dios y a la suavidad del Espíritu Santo el corazón que se ve agitado con tantos obstáculos mundanos y acribillado con tantas espinas de inquietudes temporales.
Si, pues, te ligare con tales lazos, si te echare encima tales cargas y te oprimiere con el peso de preocupaciones terrenas, deberías considerarme no como padre, sino como enemigo; habrías de pensar que era un asesino, no un hermano. Por eso, queridísima hermana, en vista de que todo cuanto se encierra bajo la bóveda del cielo se apoya sobre cimientos de tierra y va rodando sobre su haz, nada he encontrado digno de constituir tu tesoro. Allá en lo alto de los cielos hay que buscarlo, de modo que topes con el patrimonio de la virginidad allí donde aprendiste su profesión. El valor, pues, de la integridad se echa de ver en su recompensa, apreciándose su mérito por la retribución que recibe; pues cuanto más despreciable sería considerada si se enriqueciera con bienes transitorios y terrenos, tanto más bella y excelente es la virginidad, que después de pisar y repudiar los placeres del mundo, conservando en la tierra la entereza de los ángeles, se granjeó la herencia del Señor de los ángeles. ¿Cuál es entonces la herencia de la virginidad ¿No ves cómo la canta en los Salmos David, el salmista: El Señor es mi herencia; y en otro lugar: Mi lote es el Señor?
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