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viernes, 12 de mayo de 2017

Regla de san Benito. La recepción de los peregrinos

Lauda Sepulcral de santo Domingo de la Calzada

Recíbanse a todos los huéspedes que llegan como a Cristo,
pues Él mismo ha de decir:
Huésped fui y me recibisteis.
A todos dése el honor que corresponde,
pero sobre todo a los hermanos en la fe y a los peregrinos.

miércoles, 1 de marzo de 2017

San Benito. La Santa Cuaresma

Capítulo 49

Ofrezca a Dios algo extraordinario.

Aunque la vida del monje debería seguir en todo tiempo una observancia cuaresmal, no obstante, como son pocos los que tienen semejante virtud, recomendamos que durante la cuaresma todos guarden la mayor pureza de vida, y eviten en estos santos días las flaquezas de otros tiempos. Esto se logra dignamente si nos abstenemos de todo vicio y nos dedicamos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia. Por tanto, en estos días debemos añadir algo a la tarea habitual de nuestra servidumbre, oraciones especiales, abstinencia en la comida y bebida, para que, cada uno por propia voluntad, ofrezca a Dios algo extraordinario en la alegría del Espíritu Santo. Es decir, prive a su cuerpo de algo de comida, bebida, sueño, conversación y bromas y espere la santa Pascua con la alegría de un deseo espiritual. Pero lo que cada uno ofrece propóngaselo a su abad, y hágalo con su oración y aprobación, porque lo que se hace sin el permiso del padre espiritual se tendrá por presunción, vanagloria, no digno de recompensa. Por tanto háganse todas las cosas con autorización del abad.

lunes, 6 de julio de 2015

Regla de San Benito. La humildad


La Sagrada Escritura, hermanos, nos advierte con voz muy fuerte diciendo: Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Al decir esto nos muestra que toda exaltación es una forma de soberbia. El profeta indica que la evitaba al decir: Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros, no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Y, ¿qué pasará si no fui humilde, si se ensoberbeció mi alma? Tratarás a mi alma como al recién destetado en brazos de su madre. 

Por tanto, hermanos, si queremos llegar a la cumbre de la humildad y llegar pronto a aquella exaltación celestial a la que se asciende por la humildad de la vida presente mediante los peldaños de nuestras obras, tendremos que levantar aquella escala que Jacob vio en sueños y en la que se veían ángeles bajando y subiendo. Sin duda alguna, en el bajar y subir no entendemos otra cosa sino que por la exaltación se baja y por la humildad se sube. Pues esa escala levantada es nuestra vida temporal que Dios eleva hasta el cielo por nuestra humildad de corazón. Los largueros de esa escala son nuestro cuerpo y nuestra alma. La vocación divina ha dispuesto en ellos diversos peldaños de humildad o de observancia que se deben subir.

miércoles, 5 de marzo de 2014

San Benito. La Santa Cuaresma

Capítulo 49

Ofrezca a Dios algo extraordinario.

Aunque la vida del monje debería seguir en todo tiempo una observancia cuaresmal, no obstante, como son pocos los que tienen semejante virtud, recomendamos que durante la cuaresma todos guarden la mayor pureza de vida, y eviten en estos santos días las flaquezas de otros tiempos. Esto se logra dignamente si nos abstenemos de todo vicio y nos dedicamos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia. Por tanto, en estos días debemos añadir algo a la tarea habitual de nuestra servidumbre, oraciones especiales, abstinencia en la comida y bebida, para que, cada uno por propia voluntad, ofrezca a Dios algo extraordinario en la alegría del Espíritu Santo. Es decir, prive a su cuerpo de algo de comida, bebida, sueño, conversación y bromas y espere la santa Pascua con la alegría de un deseo espiritual. Pero lo que cada uno ofrece propóngaselo a su abad, y hágalo con su oración y aprobación, porque lo que se hace sin el permiso del padre espiritual se tendrá por presunción, vanagloria, no digno de recompensa. Por tanto háganse todas las cosas con autorización del abad.

viernes, 5 de abril de 2013

Aleluya en san Benito

En el capitulo 15 de la Regla de San Benito, se prescribe de manera especial cuándo los monjes deben decir aleluya: 
     " Desde la santa Pascua hasta Pentecostés dígase sin interrupción aleluya tanto en los salmos como en los responsorios. Pero desde Pentecostés hasta el principio de la cuaresma sólo se dirá todas las noches con los seis últimos salmos del oficio de vigilias. Todos los domingos fuera de cuaresma se dirán con aleluya los cánticos, laudes, prima, tercia, sexta y nona. Las vísperas, en cambio, se dirán con antífona. En cambio los responsorios nunca se digan con aleluya, sino desde Pascua hasta Pentecostés".

La aclamación de jubilo del aleluya era para los cristianos de los primeros siglos muy estimada. Cita el P. Colombás en su comentario a la regla, que Vigilancio quería reservar solo el uso del Aleluya a la fieta de Pascua, pero al parecer esto parecía una gran exageración. El uso del Aleluya difería de Iglesia a Iglesia, algunos lo usaban en diferentes épocas del año y otros se limitaban a esta cincuentena pascual o solemnidades. Adalbert de Vogüe ha realizado un estudio al respecto del uso del Aleluya dado en Roma en esta época ya que es aquí cuando se empieza a codificar este uso.
Hay que tener en cuenta que para para el Maestro según cita Colombás, el aleluya significa una pertenencia de los "siervos de Dios" a su Señor, y es el monasterio, como "casa de Dios" que equivale a vivir continuamente en presencia de Dios, "con el Señor"en un eterno tiempo pascual y por ello se acentúa el canto frecuente del aleluya.
San Benito no hace una teórica reflexión del tema sino que es pragmático y simplemente fija la practica de esta teoría. Se cree que era ya practica romana con respecto al domingo, o pascua semanal. Después, manda el aleluya, fuera de cuaresma, en todas las horas y va fuera de la costumbre romana al prescribir el aleluya en el segundo nocturno desde Pentecostés hasta cuaresma y sin interrupción de Pascua a Pentecostés, claro esta.
Para san Benito parece que es sinónimo de gozo espiritual y manifestación de un gozo incontenible y una alabanza entusiasta tributada al mismo Dios, que ha querido rescatarnos de la muerte y ha vencido a ella en la victoriosa resurrección de su Hijo Jesucristo. 
Hemos sido rescatados de la muerte y del pecado, Cristo verdaderamente ha resucitado, estamos alegres, cantemos con gozo ¡ALELUYA!