miércoles, 8 de abril de 2015

Emáus en el claustro de Silos


El Claustro del Monasterio de Silos ofrece a sus monjes la posibilidad de orar paseando por sus crujías, contemplando los misterios de la Encarnación, de la Pasión y de la Resurrección de nuestro Señor, que tan maravillosamente fueron esculpidos en la época románica. Una de estas célebres imágenes es la de Cristo peregrino, apareciéndose a los dos discípulos de Emaús, que contemplamos hoy orantes, 

domingo, 5 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Memling - Cristo resucitado

81.- Aleluya. Monje, verdaderamente ha resucitado el Señor. Ha vencido el león de la tribu de Judá. Ha muerto la muerte, y la vida se nos ha dado en esperanza, para que por siempre estemos en la luz del amor de Dios. Exulta y goza en el Señor, que ha hecho obras admirables. Su santo brazo, extendido no para matar, sino para dejarse clavar en la cruz, ha vencido el poder del mal que te sedujo y que te apartó del amor de Dios. Persevera junto a Cristo resucitado, monje, para que un día, también tú, amanezcas en el Señor.

sábado, 4 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Moretto da Brescia - Entierro de Cristo

80.- Lamentación sobre Cristo muerto. Monje, trata de compartir en tu oración los sentimientos de los discípulos. Aquél en quien había creído, por quien lo habían dejado todo, había quedado desacreditado ante todo el pueblo en la Cruz como un impostor abandonado y maldito por Dios. Aquél en quien habían puesto su esperanza como salvador de Israel, yacía en un sepulcro y ellos mimos se habían escondido, desesperados, para escapar de su misma suerte. Y, sobre todo, aquél al que habían amado, había muerto ante sus ojos después de una tortura inhumana. Y ahora, ¿qué? Esta misma pregunta te habrá asaltado en los momentos difíciles de tu vida. Responde con las últimas palabras de Jesús: A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Llora hoy en silencio, monje, y comparte el dolor de la Madre del Señor, de sus discípulos, y de cuantos sufren las consecuencias del pecado humano.

viernes, 3 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Juan de Flandes - Crucifixión

79.- Salve, Cruz gloriosa. Monje, saluda con todo afecto a la Cruz. No la tengas miedo; su atroz sufrimiento fue temporal, pero la gloria que el Dios Padre Todopoderoso concedió al Crucificado, resucitándole de entre los muertos, permanece más allá del tiempo. Consagraste tu vida a buscar la sabiduría; pues bien, monje, si te apartas de la Cruz, por más que parezca necedad a los ojos del mundo, jamás la encontrarás. Contempla al que traspasaron: de su costado manan los ríos de agua viva que alegran la ciudad de Dios. Salve, cruz gloriosa, árbol de la salvación en el que, muriendo el autor de la Vida, destruyó nuestra muerte.

jueves, 2 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

El Greco - La oración del Huerto

78.- Adoración y vigilancia. Monje, la noche del Jueves Santo debes comenzarla en adoración. Cristo se ha entregado por toda la humanidad, ha decidido no rehuir la Cruz para evitar que nosotros tengamos que perecer, y se ha hecho nuestro alimento pascual, para que podamos recorrer el camino de esta vida hasta que lleguemos a compartir su divinidad. En esa Eucaristía que queda reservada compareces ante la presencia santísima del Dios que se ha reducido a la nada para que tú lo tengas todo. Pero, también, es la noche de la agonía del Señor, de su sufrimiento, de su soledad. No le dejes solo, no le abandones, que él nunca te abandonará en tus angustias, en tus soledades, en tu agonía.

miércoles, 1 de abril de 2015

Apotegmas de un monje a sí mismo

Giotto - La traición de Judas

77.- La hora de la tiniebla. Monje, es la hora de la tiniebla, es la hora de la traición, es la hora de la negación. Como Judas traicionó al Señor que, amándole, le había escogido para compartir su Reino, también cada uno de tus pecados cubre de oscuridad la luminosa presencia del Señor. Pero Jesús no fulminó a Judas, ni castigó la negación de Pedro. Esperó paciente el arrepentimiento de ambos. Judas abandonó toda esperanza y dejó de creer en el misericordioso amor de Dios; Pedro, en cambio, se dejó vencer por la misericordia del Crucificado. Monje, aunque te tiente o te llegue a vencer la hora de la tiniebla, nunca desesperes, como Judas, sino procura vivir en el arrepentimiento, como Pedro.