martes, 18 de junio de 2013

Apotegmas de un monje a sí mismo


16.- Consagración. Monje, no esperes ya de este vida otra cosa que culminarla en aquél que te ha escogido, que te ha llamado y al que has decidido libremente seguir. Él es tu plena felicidad, tu insustituible plenitud, tu eterna salvación. Cualquier otra cosa de este mundo nada vale en su comparación. No temas a los que matan al cuerpo: teme, más bien, a aquél que te odia y que quiere apartarte de este destino tan dichoso que el Altísimo ha preparado a cuantos le aman. Vive en el amor. Que ésta sea tu ley; esfuérzate por cumplirla, y arrepiéntete cuando en vez de amor a Dios y al prójimo invade tu corazón el amor de ti mismo. Conságrate al que te ha amado y te ha lavado de tus pecados.

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